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ECONOMISTAS ESPAÑOLES: PEDRO RODRÍGUEZ DE CAMPOMANES (1723-1802)

 

Pedro Rodríguez de Campomanes y Pérez-Sorribas, primer Conde de Campomanes, nació en Santa Eulalia de Sorriba, Tineo, Asturias, el 1 de julio de 1723, y falleció en Madrid el 3 de febrero de 1802. Fue un político, jurisconsulto y economista español. Nombrado Ministro de Hacienda en el año 1760, en el primer gobierno reformista del reinado de Carlos III (1716-1788), dirigido por el Primer Ministro, Conde de Floridablanca (1728-1808), y despojado de su cargo de Ministro de Hacienda en 1789, ante el temor que despertó en el Rey Carlos IV (1748-1819) la Revolución Francesa, durante la cual el monarca español nombró como Primer Ministro a su valido, Manuel Godoy (1767-1851).

Fue el segundo de tres hermanos bien avenidos; la primera fue Josefa, nacida en 1721, y el último Francisco, nacido en 1724. Los padres de Pedro Rodríguez de Campomanes eran hidalgos de clase aunque su linaje era más antiguo que el de la madre. Al fallecer su padre en 1724, la madre confió su manutención y formación a un tío suyo, Pedro Pérez de Sorribas, canónigo de la Colegiata de Santillana del Mar. Sus primeros estudios los hizo en Santianes de Tuña, cerca de Sorriba, y sólo marchó a Santillana del Mar con su tío cuando tenía unos siete años; allí se formó mostrando una inteligencia precoz en el estudio de las lenguas clásicas. A los diez años traducía fragmentos en lengua latina del poeta Publio Ovidio Nasón (43 a.C.-17 d.C.), quien junto a Virgilio (70 a.C.-19 a.C.) y Quinto Horacio Flaco (65 a.C.-8 a.C.), conformaron la época más brillante del uso de la lengua latina. Enseñó voluntaria y gratuitamente latinidad en Cangas de Tineo y a los trece años de edad leía “Sponte Sua” y las “Instituta” del Emperador Justiniano I El Grande (482-565).

Inició la carrera de Leyes en Oviedo, que continuó y concluyó en Sevilla, siempre como manteísta, que era el estudiante que asistía a la escuela pública y vestía sotana y manteo; se llamaba así para diferenciarlo del estudiante que poseía beca en un colegio mayor, licenciándose “in utroque iure”, que se aplica a los dobles grados académicos en derecho civil y canónico. Después de estos estudios se trasladó a Madrid haciendo cuatro años de pasante en diversos bufetes de abogados. Era, asimismo, un voraz lector, y fue uno de los pocos que leyeron y comprendieron al filósofo Baruch Spinoza (1632-1677); incluso leyó las obras de David Hume (1711-1776), el escritor, filósofo y economista escocés.

Ávido de saber, especialmente en materias históricas, económicas y filológicas, se dedicó intensamente a estudiar lenguas antiguas y modernas, así como el árabe. Frecuentaba la tertulia conventual del ilustre polígrafo benedictino, padre fray Martín Sarmiento (1695-1772), uno de los destacados personajes españoles de la Ilustración, al igual que trató al filósofo Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro (1676-1764), de quien luego sería su más entusiasta apologista, biógrafo y editor. Con el advenimiento al trono español del Rey Carlos III inició una carrera política, jurídica y económica. Fue nombrado miembro del Consejo de Hacienda y de Castilla y tuvo numerosos cargos oficiales que desempeñó con éxito, así como asumió muchos asuntos para los que fue requerido. Se consagró a las reformas en tres sectores: jurídico, económico y político, todo ello bajo el signo de la Ilustración. En el ámbito político se le ha clasificado como defensor del despotismo ilustrado, en el económico se opuso al monopolio gremial y de la mesta, esta última había sido creada por Alfonso X El Sabio (1221-1284) en el año 1273, y que le concedió numerosos privilegios para la ganadería, en la que todavía perduran algunos derechos de paso y de pasto. Promovió el comercio y la industria y favoreció la expulsión de los jesuitas y la desamortización de sus bienes.

En el año 1755 obtuvo el puesto de Director de Correos y Postas y en 1762 Carlos III lo nombró Ministro de Hacienda, cargo desde el cual introdujo una amplia serie de medidas encaminadas a la reforma de la economía española; entre ellas, es de destacar la regulación del libre comercio, la prohibición de que los religiosos desempeñasen cargos judiciales o administrativos, la suspensión de los conventos no autosuficientes y las disposiciones para frenar el aumento de los bienes catalogados como “manos muertas”. Su política al frente del Ministerio de Hacienda encontró siempre la oposición de la clase eclesiástica, temerosa, con fundada razón, de las intenciones de Campomanes, convencido de la necesidad de entregar a agricultores no propietarios las tierras de la Iglesia sin cultivar. En este sentido creyó que el crecimiento económico de España pasaba por el desarrollo de la agricultura, por lo que logró que el monarca español estableciera subsidios para las zonas agrícolas más desfavorecidas. Además, liberó el comercio y la agricultura de los impuestos que impedían su crecimiento y decretó el establecimiento de la libre circulación de los cereales. Junto con Pablo de Olavide (1725-1803), que fue un escritor, traductor, jurista y político español, y el Conde de Aranda (1719-1798) noble, militar y político ilustrado español, organizaron la colonización de Sierra Morena, que era una zona muy despoblada, en la que se establecieron agricultores y trabajadores de toda Europa, fundamentalmente de Alemania, y se creó la villa de La Carolina, cuyo nombre hace referencia al monarca español Carlos III. De Campomanes podemos decir que fue un hacendista, experto en el tratamiento y justicia de la Hacienda Pública española en el periodo de la Ilustración, superando la consideración de arbitrista que habían sido los economistas de los siglos XV, XVI y XVII.

Escribió diversos libros, más de cincuenta, sobre temas de todo tipo, fundamentalmente jurídicos y algunos históricos sobre las órdenes religiosas. Estos libros, como era habitual en aquellos tiempos, solían tener un título muy largo, y casi todos consistían en consejos al Rey para que tomara decisiones de todo tipo. Este artículo trata de las vertientes de la Ciencia Económica y las aportaciones de Campomanes, por lo que voy a citar algunos de los libros de contenido puramente económico, entre los cuales incluyo los siguientes: “Bosquejo de política económica española, delineado sobre el estado presente de sus intereses” (1750); “Discurso de la regadía del patronato” (1752); “Memorial del Principado de Asturias, sobre los agravios de las operaciones hechas por los Comisionados para abonar la quota correspondiente a la única contribución” (1757); “Itinerario de las Carreras de Posta dentro y fuera del Reyno, que contiene también las leyes y privilegios con que se gobiernan en España las Postas, desde su establecimiento. Y una noticia de las especies corrientes de Moneda extranjera, reducidas a la de España, con los precios a que se pagan las postas en los varios Países” (1771); “Tratado de la regalía de amortización en el cual se demuestra por la serie de las varias edades, desde el Nacimiento de la Iglesia, en todos los siglos y países católicos, el uso constante de la autoridad civil para impedir las ilimitadas enajenaciones de bienes raíces en Iglesias, Comunidades y otras manos muertas; con una noticia las leyes fundamentalmente de la Monarquía Española sobre este punto que empieza con los Godos y se continua en los varios Estados sucesivos, con aplicación a la exigencia actual del Reyno después de su reunión y al beneficio común de los vasallos” (1775). Y así sucesivamente, con títulos muy largos o extensos propios de descripciones, manuales y peticiones que se hacían al rey o explicando la conveniencia de fomentar la agricultura, industria, demografía e, incluso, referencias al tipo de cambio de la moneda; fomento de la agricultura e industria; supresión de los privilegios de la Mesta y que presentó en unos veinte libros a lo largo de su fecunda vida. El resto de sus libros, que alcanzaron más de cincuenta obras, están referidos, fundamentalmente, a temas jurídicos, políticos y de gobierno del Rey.

Pedro Rodríguez de Campomanes fue uno de los ilustrados en su época y mantuvo amistad y correspondencia con destacados políticos e intelectuales, tanto españoles como extranjeros. Entre ellos con Bernardo Ward, economista irlandés al servicio del Rey Fernando VI (1713-1759); Martín Martínez (1684-1734), intelectual y político; el Conde de Aranda (1719-1798), Ministro y jurista español; Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811), Ministro y Jurista español; Francisco Cabarrús Lalanne (1752-1810), intelectual afrancesado, cuya hija mantuvo una tertulia durante muchos años en París, etcétera. Como curiosidad incluyo la amistad y consejos que recibió de Giacomo Girolano Casanova (1725-1798), considerado el gran seductor de mujeres que aconsejó al Gobierno español en varios temas, entre ellos la creación de la lotería nacional, que hoy se incluye en la institución “Loterías y Apuestas del Estado”, y que tienen su mayor manifestación en el sorteo de Navidad, el 22 de diciembre de cada año.

Conclusión, un hombre de gran capacitada de trabajo y de estudio, apoyado en su formación por su tío, que era sacerdote; experto en Hacienda Pública, superando la labor de los anteriores arbitristas. Y que no solo fue un divulgador de temas económicos, sino que llevó a cabo tareas para mejorar la economía española de su momento. 

 

Vicente Llopis Pastor

 23 de abril de 2023

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