Un Fondo
Soberano de Inversión (FSI) es un vehículo de inversión de propiedad estatal
que controla una cartera de activos financieros, nacionales e internacionales.
Generalmente, el capital proviene de las exportaciones de materias primas, por
ejemplo, gas, petróleo, minerías y otros productos que enriquecen a una
determinado Estado.
La descripción de los FSI es muy simple. Se trata de países muy ricos y que tienen a su disposición mucho dinero que invierten en diversos sectores nacionales y, sobre todo, internacionales. Sus inversiones se componen de bonos, acciones, derivados financieros, aunque también cuentan con inversiones de otro tipo, como la propiedad inmobiliaria.
A causa de la contracción del crédito originada por la crisis de 2007, los FSI han adquirido notoriedad mediática en los rescates de importantes grupos bancarios cotizados en Wall Street como Citigroup o Merrill Lynch, sacando a la luz sus cuantiosos recursos financieros. Actualmente, el más grande de los FSI, es el Abu Dhabi Investment Authority (ADIA), que maneja activos estimados en cerca de ochocientos mil millones de dólares. La toma de posiciones en sectores considerados estratégicos, por ejemplo, el bancario, y la opacidad de su gestión preocupa a algunos gobiernos y organismos internacionales, que empiezan a limitar y regular el margen de maniobra de los FSI.
Atendiendo a la definición de la Comisión Europea (CE) y según varios expertos, la diferenciación entre FSI y otros fondos de propiedad estatal como fondos de pensiones o de reservas internacionales es complicada, pues todos ellos son controlados por los bancos centrales, sirviendo como instrumento de transferencia de renta intergeneracional y excepto por los fondos de pensiones, se prevé utilizarlos como estabilizador en caso de complicaciones coyunturales.
Se ha
intentado diferenciar los FSI de los fondos de reservas internacionales,
basándose en la tendencia de los primeros a maximizar el beneficio en el largo
plazo y el uso habitual de los últimos como instrumento de política monetaria a
corto plazo. La línea de separación, sin embargo, es difusa, pues la tenencia
de activos altamente líquido y otros fondos de pensiones como forma de
diversificar el riesgo. Además, muchos FSI no tienen un objetivo declarado y en
muchos casos, aún cuando lo tienen, pueden presentar comportamientos poco en
línea con los mismos. Comúnmente se sospecha que los FSI son un instrumento
político más que un instrumento financiero, y, por tanto, sus criterios de
inversión están marcados más por los intereses del Gobierno que los posee que
por metas financieras.
La mayor
parte de los fondos de los FSI provienen de la acumulación de divisas provienen
de la exportación de petróleo o de cualquier otra mercancía o servicio,
almacenadas y gestionadas por los Bancos Centrales.
Los FSI
tienen una historia más que centenaria y nacieron en el año 1914, al inicio de
la Primera Guerra Mundial. Después han ido consolidándose gracias a la
acumulación de dinero en varios países. Por ejemplo, el Kuwait Investment
Authority (KIA), creado en 1953; posteriormente el Kiribati, basado en los
ingresos procedentes de la exportación de fosfatos, generados a partir de
excrementos de pájaro; el shock del petróleo de 1973 y 1979, fue la ocasión
para crear una especie de “cuenta de ahorro”, que gestionase los ingresos
extraordinarios recibidos, entre ellos un FSI de Noruega, basado en las
reservas petrolíferas del Mar del Norte; el Government of Singapore Investment
Corporation (GIC); y otros fondos procedentes de Corea del Sur y de la
República Popular China, que utiliza su exceso de dinero para colocarlos en FSI
en multitud de países. La Unión Europea (UE) tuvo sus reticencias para crearlos
y solamente Francia, durante la presidencia de Nicolas Sakozy (1955), anunció
la creación de un FSI francés para financiar proyectos innovadores y para
evitar la compra de empresas galas por extranjeros.
Numerosos
FSI han fracasado a lo largo de la Historia. Los más notables han sido el FRR
de Argelia; el FSB de Brasil; FSI de Ecuador; el MRSF de Papúa Nueva Guinea; el
FIEM y FONDEN de Venezuela y algunos otros. La principal razón por la que estos
fondos se han agotado se debe a la inestabilidad política, mientras que los
determinantes económicos generalmente desempeñan un papel importante pero
mayormente inconsecuente. Los FSI, en países inestables, pueden provocar
riesgos para los Estados receptores de las inversiones de estos fondos, dado
que la inestabilidad en los países patrocinadores de FSI hace que esas
inversiones sean inciertas y es probable que se desinviertan para minimizar los
efectos de inestabilidad política a corto plazo.
La mayoría
de los grandes FSI se han creado a partir del año 2000. No obstante, comenzaron
a crearse en el siglo XIX, concretamente el Common School Fund, creado en
Oregón, Estados Unidos en el año 1856. En Estados Unidos hubo varios fondos
creados por las regalías de tierras y minerales. Junto a este último se creó el
ISF Texas Instruments Permanent University Fund en 1876; y algunos otros FSI de
menor cuantía, entre ellos Caisse des Dèpot et Consignation.
Lo cierto
es que los FSI actualmente dominan y deciden sobre empresas de países
extranjeros. En España operan muchos FSI que condicionan la producción
económica de muchas empresas y entidades.
Según la
información que he podido manejar, los 40 FSI más voluminosos y
consecuentemente que condicionan la economía de otros Estados son: 25 de
Estados Unidos de América; 10 de Emiratos Árabes Unidos; 5 de otros países del
Golfo Pérsico, Kuwait, Catar, Singapur, Arabia Saudí y algunos FSI menores.
Los países
con mayor cuantía de FSI son: Japón, con 1.600 millones de euros; Noruega, con
1.500 millones de euros; y China, con 1.400 millones de euros, lo cual es
consecuente del exceso de liquidez que han conseguido estos países.
En España
invierten muchos FSI en temas como equipos futbolísticos; industrias
exportadoras de metales; empresas multinacionales auxiliares de la industria
del automóvil y muchas de las más brillantes empresas españolas que cotizan
dentro del Ibex-35 de la Bolsa española.
Consecuentemente,
la propiedad de las grandes industrial y de la Banca, aunque se hayan creado en
España, realmente las manejan desde países extranjeros mediante estos FSI.
Vicente Llopis Pastor
14 de abril de 2025
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