William Randolph Hearst (1863-1951) fue un periodista, editor, publicista, empresario, inversionista, político y magnate de la prensa y los medios de comunicación estadounidenses, que emergió como uno de los más poderosos personajes de la escena política y empresarial de dicho país. Consolidó uno de los más grandes imperios empresariales de la historia, llegando a poseer en su epítome un total de 28 periódicos de circulación nacional, entre ellos Los Angeles Examiner, The Boston American, The Atlanta Georgian, The Chicago Examiner, The Detroit Times, The Seattle Post-Intelligencer, The Washington Times, The Washington Herald y su periódico principal The San Francisco Examiner, y muchos otros diversificados periódicos con la posesión de empresas editoriales, compañías y emisoras de radio, así como revistas, como es el caso de Cosmopolitan, Town and Country y Harper's Bazaar, entre muchas otras.
Fue ampliamente conocido por usar los medios como auténticos instrumentos políticos, además de ser el más afamado promotor de la llamada prensa amarilla, valiéndose de generar escándalos y de la manipulación mediática para lograr que sus intereses comerciales y políticos se viesen beneficiados; siendo los casos más reseñables su intervención para que la guerra hispano-estadounidense aconteciera y sus periódicos fuesen los que obtuvieran las primicias, así como la campaña que realizó en contra de la revolución mexicana, primero para mantener el régimen del presidente Porfirio Díaz (1830-1915) y luego el del presidente Victoriano Huerta (1850-1916); todo ello debido a la inmensa cantidad de posesiones y haciendas de su propiedad en territorio mexicano, que se habrían visto en riesgo con la revolución mexicana. El historiador mexicano Fernando Carmona de la Peña (1924-2001) señala en su obra “El drama de América Latina: el caso de México”, publicado en 1964, que Hearst llegó a disponer de tres millones de hectáreas en el país; en Chihuahua era donde más propiedades tenía. Conocido como “el gran manipulador” sobre la crisis del barco “Maine” de 1898 y del Holodomor de 1932-33 en Ucrania.
Tras 1918 y el final de la Primera Guerra Mundial, Hearst empezó a adoptar gradualmente posturas más conservadoras y a promover una política exterior aislacionista para evitar involucrarse más en lo que consideraba asuntos europeos corruptos. Era a la vez un nacionalista militante, un anticomunista acérrimo tras la Revolución Rusa, y desconfiaba profundamente de la Sociedad de Naciones y de los británicos, franceses, japoneses y rusos. Tras el ascenso de Hitler al poder en Alemania, Hearst se convirtió en partidario del Partido Nazi ordenando a sus periodistas que publicaran una cobertura favorable de la Alemania nazi y permitiendo que destacados nazis publicaran artículos en sus periódicos. Fue uno de los principales partidarios de Franklin Delano Roosevelt en 1932-1934, pero luego rompió con éste y se convirtió en su principal enemigo en la derecha. La publicación de Hearst alcanzó una circulación máxima de 20 millones de lectores diarios a mediados de la década de 1930. Gestionó mal las finanzas y estaba tan endeudado durante la Gran Depresión que la mayoría de sus activos tuvieron que ser liquidados a finales de la década de 1930. Hearst consiguió conservar sus periódicos y revistas.
Hearst es recordado particularmente por el incidente de la guerra de Cuba de 1898. Una escalada creciente de tensión surgió entre España y los Estados Unidos de América a causa de la situación en Cuba, que en ese momento era una provincia española. Esta tensión diplomática fue alimentada por Hearst, según muchos con el único objetivo de vender periódicos, si bien la posterior película titulada “Ciudadano Kane”, dirigida por Orson Welles (1915-1985), hace ver que la guerra facilitó el anhelado dominio estadounidense del Canal de Panamá, de gran valor estratégico. Cuando en medio de la guerra de Cuba (1898), el acorazado estadounidense “Maine” explotó en el puerto de La Habana (Cuba), fue Hearst quien señaló a España como culpable de un supuesto sabotaje e instó al por aquel entonces presidente estadounidense William McKinley a iniciar una guerra contra los españoles, algo que el gobierno no tenía en mente. La guerra facilitó a Estados Unidos el dominio del Canal de Panamá y de las últimas colonias españolas de ultramar, Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Todas estas razones y la cuantiosísima fortuna que llegó a poseer Hearst fueron unos de los motivos por los que se generó la guerra hispano-estadounidense, que fue plasmada en la película “Ciudadano Kane”, que era un traslado de la agitada vida de William Randolph Hearst, que fue quien definitivamente acabó con el imperio español en América. En este caso, las opiniones intencionadas que aparecían en los centenares de periódicos estadounidenses eran una versión de Hearst en la que se decía que había que hundir las posesiones que todavía tenía nuestro país en América y que desaparecieron automáticamente en el aciago año 1898 para nuestro país.
En ocasiones, la presión psíquica, las profecías sobre el futuro y otros comentarios son más dañinos y mortíferos que las propias armas que se utilizan en la guerra por tierra, mar y aire.
Vicente Llopis Pastor
18 de mayo de 2024
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