Estimado
lector, siguiendo la costumbre de cada lunes, incluyo una nueva colección de cinco
anécdotas sobre famosos personajes de la historia, por ejemplo:
956) Grock (1880-1959),
payaso suizo.
El famoso payaso Grock se llamaba
Adrian Wettach (1880-1959); era suizo, hijo de un relojero.
Creía tener vocación para esta difícil
profesión y consiguió que un empresario de circo le contratara. La primera vez
que salió a decir y hacer gansadas ante el público, no se rió nadie. Después de
la función, el empresario le dijo:
- Pruebe de domador. Acaso los leones se le dan bien”.
Grock pidió al empresario que le
diera una segunda oportunidad como payaso. Y, en su segunda salida, en un
momento dado, sonó una carcajada. Grock estaba tan aturdido que, al oírla, echó
a correr. Y, con aquella improvisada carrera, hizo reír a muchos. Y así empezó.
En la tercera salida tuvo un amigo escondido entre el público. Salió, dijo una
tontería cualquiera y el amigo soltó una carcajada ruidosa. Grock se asustó y
echó a correr. Y este truco le sirvió, al parecer, durante muchos años.
957) Anna Pavlova
(1881-1931), bailarina rusa.
La famosa bailarina Anna Pavlova
(1881-1931) dejó, en el mundo de los aficionados al ballet, un recuerdo
imborrable. De ella dijo un crítico: “Su danza es poesía pura; su cuerpo es una
canción alada, y otras definiciones alabando su forma de bailar.
Cuando tenía Pavlova ocho años de
edad, su madre la llevó a la escuela de baile. Allí la recibió el Director que,
sin esforzarse en mostrarse amable, le dijo:
- “Anda un poco”.
La niña obedeció y dio algunos
pasos.
El Director le dijo:
- “Quieta ahora. Adelanta los brazos, despacito”.
La niña obedeció. El Director,
inmutable, preguntó a la madre:
- “¿Cuántos años tiene?”.
Su madre contestó:
- “Ocho, señor”.
El Director manifestó:
- “Vuelvan dentro de dos años; no las admitimos hasta los
diez”.
Su madre insistió:
- “Es que ya baila muy bien. Me gustaría que la viera
bailar”.
El Director le dijo:
- “No solo quiero ver cómo lo hacen, sino que le ruego
que le prohíba terminantemente hacerlo”.
Y Anna, en aquellos dos años de
espera, nunca pudo bailar delante de nadie. Y ella decía después:
- “Me consolaba bailando a solas. ¡Y lo que llegué a
bailar sin que nadie lo supiera!
958) Stendhal (1783-1842),
escritor francés.
Henri Beyle (1783-1842), más
conocido con el seudónimo de “Stendhal”, fue un escritor francés. Valorado por
su agudo análisis de la psicología de sus personajes. Destacado representante
del Realismo. Es autor de dos de las mejores novelas escritas en francés: “Rojo
y negro” y “La Cartuja de Parma”. Era hombre muy aficionado a la buena mesa. Le
gustaban, por encima de todo, los helados. Alguien le reprochaba que abusara
tanto de ellos. Stendhal le dijo:
- “Es que he decidido descubrir cuál es el mejor de todos
para limitarme a uno solo. Cuanto antes lo describa, mejor; y cuanto más vaya
probando, antes lo descubriré”.
959) Rafael Gómez
“El Gallo” (1882-1960), matador de toros español.
Rafael Gómez “El Gallo” (1882-1960)
fue uno de los grandes matadores de toros que hubo en su tiempo en España.
Hermano de Joselito “El Gallo” (1895-1920) y casado con Pastora Imperio (1885-1979).
Fue muy supersticioso y, en
ocasiones, no brillaba su toreo por alguna razón personal. Una de las tardes
más aciagas de Rafael Gómez “El Gallo”, el público le abucheaba por todo lo
alto y le arrojaba almohadillas. El torero, huido y escondido, ni se enteraba
de los gritos. Y, después, le preguntaba a su mozo de estoques:
- “¿Y qué decían de mí?”.
Su mozo le contestó:
- “Pues había diversidad de opiniones”.
Y Rafael Gómez dijo:
- “¿Sí? Menos mal”.
A lo que su mozo de estoque replicó:
- “Sí… Unos se metían con tu padre y otros con tu madre”.
La palabra usada por el mozo no fue
precisamente “metían”, sino otra, que aunque más expresiva, menos apta para
difundirla.
960) Julián
Gayarre (1844-1890), uno de los mejores tenores líricos de la Historia.
El tenor español
Julián Gayarre (1844-1890) ha sido considerado como uno de los mejores tenores
del mundo. Una de las óperas en las que tuvo enorme éxito fue “Elissire d’amore”
y era habitual en la Scala de Milán, templo de la ópera.
En 1890 actuó en el Teatro Real de Madrid, cantando la
ópera “Los pescadores de perlas”, a pesar de encontrarse enfermo de una
bronconeumonía gripal. Durante su actuación se sintió repentinamente enfermo.
Fue a dar su famoso do de pecho y no lo pudo dar. Y sucedió entonces una cosa
que no había sucedido nunca. La orquesta se detuvo y, a una indicación del
Director, repitió el trozo, y Gayarre, ya con la muerte en el cuerpo, lo
intentó otra vez. Y tampoco le salió la nota. Y Gayarre avanzó hasta las
candilejas y dijo al público:
- “Esto se ha acabado”.
Y cayó desvanecido. Murió pocas semanas después.
Estimado lector, habrá cinco nuevas anécdotas el próximo lunes.
Un afectuoso saludo. Continuará…
Vicente Llopis Pastor
19 de junio de 2023
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