Actualmente
se está hablando de que en todo el orbe existe una situación de sequía
generalizada y de difícil solución por la falta de lluvias, contaminación
ambiental y una situación que solamente se resolverá si hay acuerdos
generalizados internacionalmente de limitar las emisiones de CO2 a
la atmósfera, algo que parece no están cumpliendo las potencias más importantes
y que generan productos que destruyen la capacidad atmosférica de nuestro
mundo. Entre ellos, las más recalcitrantes son las potencias más destacadas,
cual es el caso de Estados Unidos de América y de la fulgurante fábrica del
mundo, que es China.
España, al igual que otros países,
está sufriendo las consecuencias de este posible cambio climático, y nos
encontramos algunos esfuerzos que se han realizado en nuestro país para
equilibrar nuestras cuencas hidrográficas, entre ellos, el trasvase de agua de
unas cuencas a otras que, desde hace años, se han materializado en el trasvase
Tajo-Segura, el trasvase de aguas del río Ebro y otras obras menores, que iban
a ser financiadas por la Unión Europea sin coste alguno para nuestro país.
Desgraciadamente, con el cambio de
Gobierno del año 2005 se anuló el trasvase del Ebro y está mermándose la
mayoría de otros trasvases e, incluso, hay una política de destrucción de
instalaciones, embalses, pantanos y otras fórmulas de acumular agua para uso
humano y agrícola. Es el sino de estos tiempos y se basa en lo que se llama
“ecología”, es decir, no tocar lo que la naturaleza nos ofrece y no entorpecer
cauces, ríos, carreteras o lugares aunque éstos sean incómodos para el
desarrollo humano. Prima la ecología sobre las necesidades de las empresas y
los ciudadanos españoles y con ello se limitan, o no facilitan, el uso regular
del agua. Domina el paisaje, la naturaleza y, en resumidas cuentas, la
ecología.
España tiene una tradición en la
creación de embalses, pantanos y uso racional del agua. Recordemos que el
primer pantano que se realizó en Europa fue el pantano de Tibi (1580-1594),
siendo Rey de España y del Imperio Español, Felipe II (1527-1598).
Pero no voy a tratar de los
trasvases y de los planes de regadío en España que vienen incluso de la época
de la Hispania romana, reforzados por los árabes, que canalizaron el agua para
regadíos y otras necesidades. En la Comunidad Valenciana hemos sido testigos de
ello con algunos acueductos romanos, el Tribunal de las Aguas de Valencia y los
azudes y otros medios de regadío que crearon los árabes en las soleadas tierras
de la Comunidad Valenciana y de Murcia, que han sido una especie de granero
para Europa.
Lo que quisiera comentar es el caso
de las Islas Filipinas, que fue una colonia española hasta que, en el nefasto
año de 1898, perdimos los últimos lugares que eran colonias españolas,
concretamente Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Todo ello consecuencia de la
llamada guerra hispano-estadounidense, alentada y azuzada por los medios de
comunicación periodísticos, revistas y otros ensayos norteamericanos patrocinados
o redactados por William Random Hearst (1863-1951), quien martilleó durante
mucho tiempo a España y a la que acusó de haber hundido el acorazado
estadounidense Maine cuando estaba en el puerto de La Habana. Este individuo
fue el principal promotor, yo diría que creador, de dicha guerra
hispano-estadounidense, de nefasta consideración para nuestro país. La figura
de William R. Hearst aparece en la película “Ciudadano Kane”, obra maestra del
cineasta Orson Welles (1915-1985), donde figura como un trasunto de los
primeros magnates del periodismo estadounidense, aunque su nombre en el film
fuera sustituido.
Lo cierto es que España perdió Cuba,
Puerto Rico y Filipinas, pasando a ser colonias de los Estados Unidos de América,
quienes trataron a estas nuevas posesiones con diversidad de políticas. En el
caso de las Islas Filipinas, lo primero que hicieron los estadounidenses fue
enviar miles de profesores de inglés al archipiélago filipino, que consta de
más de mil islas, para que aprendieran la lengua inglesa y olvidaran la lengua
española. A partir de la década de los treinta del siglo pasado, Filipinas se
convierte en un Estado independiente, pero siempre con la vigilancia de Estados
Unidos de América, dejando de hablar el español y sustituyéndolo por el idioma
inglés, aunque resulta muy importante el idioma “tagalo”, que es, junto al
inglés, su idioma oficial.
Cuba, la querida isla caribeña, tan
cercana a las costas de Estados Unidos, y en la que se establecieron nuevos
estadounidenses y les sirvió como el patio trasero o casa de lenocinio de
éstos. No pudieron eliminar el idioma español, pero se quedaron con una parte
de la isla, concretamente Guantánamo, en la que todavía gobiernan los
estadounidenses y que es una cárcel militar muy desacreditada. A pesar de los
intentos norteamericanos, sobre todo los de James K. Polk (1795-1849), que
manifestó sus deseos de que Cuba fuera un Estado más de los Estados Unidos,
pero no lo consiguió, sus sucesores hicieron de Cuba un lupanar y prostíbulo,
gracias al apoyo que dieron a un sargento cubano llamado Batista, al que
colocaron como Presidente de Cuba y que seguía las instrucciones de sus jefes
estadounidenses. Todo ello finalizó con el levantamiento de Fidel Castro, Raúl
Castro, Ernesto “Che” Guevara y otros revolucionarios cubanos que, creo yo, que
no han gobernado democráticamente ni elevado el nivel de vida de los cubanos. A
pesar de ello, Estados Unidos, durante la Presidencia de John Fitzgerald
Kennedy (1917-1963), puso todos los medios materiales y humanos posibles para
desmantelar el comunismo en la isla mediante su invasión en la Bahía de
Cochinos, en la que vencieron fácilmente los cubanos y los estadounidenses
retiraron su apoyo. El idioma español
sigue incólume en esta querida isla en la que, a lo largo del siglo XIX, tantas
vidas y sangre española se vertió en dichas tierras.
Puerto Rico es considerado por los
Estados Unidos de América como un Estado Libre Asociado, que no han integrado
como Estado propio de los Estados Unidos, porque no hablan el inglés. A pesar
de ello, hay una relación laboral muy
laxa entre ambos. Los taxistas de Nueva York son casi todos portorriqueños y se
puede observar que artistas, actores, cantantes y muchos otros trabajos ligados
a la industria del espectáculo son de Puerto Rico. En este país hay elecciones
libres y se da la circunstancia de que la diferencia entre los dos partidos más
importantes, es que uno defiende el uso del inglés y el otro defiende el uso
del español. Ambos son idiomas oficiales pero predomina el idioma español, lo
cual, para mí, es una satisfacción.
La finalidad de este artículo no es
el hablar de estos hechos históricos, sino de las personas e instituciones
españolas que trabajaron y operaron, sobre todo, en las Islas Filipinas, que
como he dicho, está constituida por miles de islas, y supuso la extensión del
Imperio Español en Asia, y en la que destacó como brillante personaje Claudio
Montero y Gay (1824-1885), creador y mantenedor de la Comisión Hidrográfica de
Filipinas. Qué curiosidad, hace más de doscientos años, el Imperio Español se
ocupaba y preocupaba por la hidrografía de su colonia de las Islas Filipinas
frente a la actual poca preocupación o incluso, inconveniencia y falta de
colaboración, entre las Comunidades Autónomas definidas en la Constitución
Española de 1978. Creo que no estamos actualmente en una situación favorable
para resolver los problemas hídricos, situándonos en una realidad muy distinta
de aquellos españoles que dieron nuestro idioma, instituciones y avances
técnicos a unas islas de difícil climatología y cuya presencia nuestra comenzó
durante la primera circunnavegación del mundo, dirigida por Fernando de
Magallanes (1480-1521), quien murió en una batalla para conquistar Filipinas y
cuyo mando pasó a ser de Juan Sebastián Elcano (1476-1526), quien cubrió la
vuelta al mundo partiendo de España con cinco goletas y, dos años después, retornó
con sólo una goleta a nuestro país, después de un trayecto marítimo a lo largo
de los océanos Pacífico, Índico y Atlántico, con cansancio y hambre tan altos
que llegaron a tener que alimentarse con las cuerdas que sujetaban las velas de
sus goletas. Los océanos Pacífico e Índico se llamaron durante muchos años “el
lago español”. Desde la incorporación de las Islas Filipinas a España han
transcurrido quinientos años y el resultado final ha dejado mucho que desear.
Pero el objetivo de este artículo es
referirme a un marino español que prestó grandes servicios a España, tanto en
la Península como en las colonias. Se trata de Claudio Montero y Gay
(1824-1885). Nacido en Juvia, en la provincia de La Coruña. Ingresó en la Armada
como Guardiamarina de Segunda Clase en 1839. Enseguida formó parte del equipo
en tareas de hidrografía con el propósito de levantar el plano del puerto de
Santander. Entre 1841 y mediados de 1845 navegó por todas las costas de la
Península Ibérica, hasta que en noviembre de dicho año, tras su ascenso a Alférez
de Navío, fue destinado al apostadero de Filipinas, archipiélago en el que,
durante su larga estancia, llevó a cabo numerosos trabajos hidrográficos.
Creada la Comisión Hidrográfica de
Filipinas en el año 1865, Claudio Montero fue nombrado su jefe, con el encargo
de continuar los trabajos hidrográficos iniciados por la Armada en el archipiélago
durante los años anteriores y levantar una colección completa de cartas y
planos de las costas filipinas. Dado el volumen de trabajo, Montero elaboró un
plan de reorganización que presentó al Ministerio de Marina en 1861. A partir
de entonces la Comisión Hidrográfica de Filipinas quedaría dividida en dos
partes: una sección principal, embarcada en el vapor “Reina de Castilla” y al mando
del jefe de la Comisión, se creó una subcomisión, embarcada en la goleta “Nuestra
Señora del Carmen”. Entre 1856 y 1899, la Dirección Hidrográfica publicó
treinta y cinco cartas náuticas del archipiélago filipino. Estos trabajos
requerían un enorme esfuerzo y una capacidad intelectual muy elevada, ya que
Filipinas consta de más de mil islas, entre las que había que establecer
fáciles comunicaciones, tanto de personas, como de víveres y de defensa
militar.
Claudio Montero y Gay fue ascendido
a finales de 1868, nombrándosele Mayor General del Apostadero de Filipinas,
cargo en el que permaneció hasta su regreso a la Península, en 1869, con motivo
de su nombramiento como Jefe de la Sección de Hidrografía y Establecimientos
Científicos del Ministerio de Marina. A partir de 1871, a propuesta del
Ministerio de Ultramar, entró a formar parte del Consejo de Filipinas, del que
llegaría a ser Vicepresidente. En 1877 regresó a las Islas Filipinas en calidad
de Gobernador político-militar de Mindanao y Comandante de la División Naval
del Sur de las Filipinas, aunque problemas de salud le obligaron a cesar en
ambos nombramientos.
De vuelta a la Península para
recuperarse de sus dolencias, retomó la actividad militar a bordo de la fragata
“Arapiles” y, a continuación, como Jefe de la Sección de Personal del
Ministerio de Marina. En 1881, año en el que fue ascendido a Contraalmirante,
ejerció como Segundo Jefe del Apostadero de La Habana, en la isla de Cuba, y Comandante
General de su Arsenal. De nuevo en España, fue nombrado Vocal de la Junta de
Reorganización de la Armada y Consejero del Consejo Supremo de Guerra y Marina,
poco antes de fallecer.
Los servicios que Claudio Montero y
Gay hizo a nuestro país son dignos de alabar, no solamente por las cartas
náuticas que elaboró y, en general, por su forma de gobernar en Filipinas y
Cuba, sino por la genialidad de algunas decisiones en una época en la que
declinaban las colonias españolas, pero el buen hacer de Claudio Montero hizo
que perduraran las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas hasta el aciago
año de 1898. Por ello me atrevo a incluir las tareas patrióticas de Claudio Montero
y Gay como uno de los momentos estelares de España.
Vicente Llopis Pastor
16 de mayo de 2023
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