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MOMENTOS ESTELARES DE ESPAÑA: ISLAS FILIPINAS (CLAUDIO MONTERO Y GAY (1824-1885))

 

Actualmente se está hablando de que en todo el orbe existe una situación de sequía generalizada y de difícil solución por la falta de lluvias, contaminación ambiental y una situación que solamente se resolverá si hay acuerdos generalizados internacionalmente de limitar las emisiones de CO2 a la atmósfera, algo que parece no están cumpliendo las potencias más importantes y que generan productos que destruyen la capacidad atmosférica de nuestro mundo. Entre ellos, las más recalcitrantes son las potencias más destacadas, cual es el caso de Estados Unidos de América y de la fulgurante fábrica del mundo, que es China.

España, al igual que otros países, está sufriendo las consecuencias de este posible cambio climático, y nos encontramos algunos esfuerzos que se han realizado en nuestro país para equilibrar nuestras cuencas hidrográficas, entre ellos, el trasvase de agua de unas cuencas a otras que, desde hace años, se han materializado en el trasvase Tajo-Segura, el trasvase de aguas del río Ebro y otras obras menores, que iban a ser financiadas por la Unión Europea sin coste alguno para nuestro país.

Desgraciadamente, con el cambio de Gobierno del año 2005 se anuló el trasvase del Ebro y está mermándose la mayoría de otros trasvases e, incluso, hay una política de destrucción de instalaciones, embalses, pantanos y otras fórmulas de acumular agua para uso humano y agrícola. Es el sino de estos tiempos y se basa en lo que se llama “ecología”, es decir, no tocar lo que la naturaleza nos ofrece y no entorpecer cauces, ríos, carreteras o lugares aunque éstos sean incómodos para el desarrollo humano. Prima la ecología sobre las necesidades de las empresas y los ciudadanos españoles y con ello se limitan, o no facilitan, el uso regular del agua. Domina el paisaje, la naturaleza y, en resumidas cuentas, la ecología.

España tiene una tradición en la creación de embalses, pantanos y uso racional del agua. Recordemos que el primer pantano que se realizó en Europa fue el pantano de Tibi (1580-1594), siendo Rey de España y del Imperio Español, Felipe II (1527-1598).

Pero no voy a tratar de los trasvases y de los planes de regadío en España que vienen incluso de la época de la Hispania romana, reforzados por los árabes, que canalizaron el agua para regadíos y otras necesidades. En la Comunidad Valenciana hemos sido testigos de ello con algunos acueductos romanos, el Tribunal de las Aguas de Valencia y los azudes y otros medios de regadío que crearon los árabes en las soleadas tierras de la Comunidad Valenciana y de Murcia, que han sido una especie de granero para Europa.

Lo que quisiera comentar es el caso de las Islas Filipinas, que fue una colonia española hasta que, en el nefasto año de 1898, perdimos los últimos lugares que eran colonias españolas, concretamente Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Todo ello consecuencia de la llamada guerra hispano-estadounidense, alentada y azuzada por los medios de comunicación periodísticos, revistas y otros ensayos norteamericanos patrocinados o redactados por William Random Hearst (1863-1951), quien martilleó durante mucho tiempo a España y a la que acusó de haber hundido el acorazado estadounidense Maine cuando estaba en el puerto de La Habana. Este individuo fue el principal promotor, yo diría que creador, de dicha guerra hispano-estadounidense, de nefasta consideración para nuestro país. La figura de William R. Hearst aparece en la película “Ciudadano Kane”, obra maestra del cineasta Orson Welles (1915-1985), donde figura como un trasunto de los primeros magnates del periodismo estadounidense, aunque su nombre en el film fuera sustituido.

Lo cierto es que España perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas, pasando a ser colonias de los Estados Unidos de América, quienes trataron a estas nuevas posesiones con diversidad de políticas. En el caso de las Islas Filipinas, lo primero que hicieron los estadounidenses fue enviar miles de profesores de inglés al archipiélago filipino, que consta de más de mil islas, para que aprendieran la lengua inglesa y olvidaran la lengua española. A partir de la década de los treinta del siglo pasado, Filipinas se convierte en un Estado independiente, pero siempre con la vigilancia de Estados Unidos de América, dejando de hablar el español y sustituyéndolo por el idioma inglés, aunque resulta muy importante el idioma “tagalo”, que es, junto al inglés, su idioma oficial.

Cuba, la querida isla caribeña, tan cercana a las costas de Estados Unidos, y en la que se establecieron nuevos estadounidenses y les sirvió como el patio trasero o casa de lenocinio de éstos. No pudieron eliminar el idioma español, pero se quedaron con una parte de la isla, concretamente Guantánamo, en la que todavía gobiernan los estadounidenses y que es una cárcel militar muy desacreditada. A pesar de los intentos norteamericanos, sobre todo los de James K. Polk (1795-1849), que manifestó sus deseos de que Cuba fuera un Estado más de los Estados Unidos, pero no lo consiguió, sus sucesores hicieron de Cuba un lupanar y prostíbulo, gracias al apoyo que dieron a un sargento cubano llamado Batista, al que colocaron como Presidente de Cuba y que seguía las instrucciones de sus jefes estadounidenses. Todo ello finalizó con el levantamiento de Fidel Castro, Raúl Castro, Ernesto “Che” Guevara y otros revolucionarios cubanos que, creo yo, que no han gobernado democráticamente ni elevado el nivel de vida de los cubanos. A pesar de ello, Estados Unidos, durante la Presidencia de John Fitzgerald Kennedy (1917-1963), puso todos los medios materiales y humanos posibles para desmantelar el comunismo en la isla mediante su invasión en la Bahía de Cochinos, en la que vencieron fácilmente los cubanos y los estadounidenses retiraron su apoyo.   El idioma español sigue incólume en esta querida isla en la que, a lo largo del siglo XIX, tantas vidas y sangre española se vertió en dichas tierras.

Puerto Rico es considerado por los Estados Unidos de América como un Estado Libre Asociado, que no han integrado como Estado propio de los Estados Unidos, porque no hablan el inglés. A pesar de ello, hay una relación laboral  muy laxa entre ambos. Los taxistas de Nueva York son casi todos portorriqueños y se puede observar que artistas, actores, cantantes y muchos otros trabajos ligados a la industria del espectáculo son de Puerto Rico. En este país hay elecciones libres y se da la circunstancia de que la diferencia entre los dos partidos más importantes, es que uno defiende el uso del inglés y el otro defiende el uso del español. Ambos son idiomas oficiales pero predomina el idioma español, lo cual, para mí, es una satisfacción.

La finalidad de este artículo no es el hablar de estos hechos históricos, sino de las personas e instituciones españolas que trabajaron y operaron, sobre todo, en las Islas Filipinas, que como he dicho, está constituida por miles de islas, y supuso la extensión del Imperio Español en Asia, y en la que destacó como brillante personaje Claudio Montero y Gay (1824-1885), creador y mantenedor de la Comisión Hidrográfica de Filipinas. Qué curiosidad, hace más de doscientos años, el Imperio Español se ocupaba y preocupaba por la hidrografía de su colonia de las Islas Filipinas frente a la actual poca preocupación o incluso, inconveniencia y falta de colaboración, entre las Comunidades Autónomas definidas en la Constitución Española de 1978. Creo que no estamos actualmente en una situación favorable para resolver los problemas hídricos, situándonos en una realidad muy distinta de aquellos españoles que dieron nuestro idioma, instituciones y avances técnicos a unas islas de difícil climatología y cuya presencia nuestra comenzó durante la primera circunnavegación del mundo, dirigida por Fernando de Magallanes (1480-1521), quien murió en una batalla para conquistar Filipinas y cuyo mando pasó a ser de Juan Sebastián Elcano (1476-1526), quien cubrió la vuelta al mundo partiendo de España con cinco goletas y, dos años después, retornó con sólo una goleta a nuestro país, después de un trayecto marítimo a lo largo de los océanos Pacífico, Índico y Atlántico, con cansancio y hambre tan altos que llegaron a tener que alimentarse con las cuerdas que sujetaban las velas de sus goletas. Los océanos Pacífico e Índico se llamaron durante muchos años “el lago español”. Desde la incorporación de las Islas Filipinas a España han transcurrido quinientos años y el resultado final ha dejado mucho que desear.

Pero el objetivo de este artículo es referirme a un marino español que prestó grandes servicios a España, tanto en la Península como en las colonias. Se trata de Claudio Montero y Gay (1824-1885). Nacido en Juvia, en la provincia de La Coruña. Ingresó en la Armada como Guardiamarina de Segunda Clase en 1839. Enseguida formó parte del equipo en tareas de hidrografía con el propósito de levantar el plano del puerto de Santander. Entre 1841 y mediados de 1845 navegó por todas las costas de la Península Ibérica, hasta que en noviembre de dicho año, tras su ascenso a Alférez de Navío, fue destinado al apostadero de Filipinas, archipiélago en el que, durante su larga estancia, llevó a cabo numerosos trabajos hidrográficos.

Creada la Comisión Hidrográfica de Filipinas en el año 1865, Claudio Montero fue nombrado su jefe, con el encargo de continuar los trabajos hidrográficos iniciados por la Armada en el archipiélago durante los años anteriores y levantar una colección completa de cartas y planos de las costas filipinas. Dado el volumen de trabajo, Montero elaboró un plan de reorganización que presentó al Ministerio de Marina en 1861. A partir de entonces la Comisión Hidrográfica de Filipinas quedaría dividida en dos partes: una sección principal, embarcada en el vapor “Reina de Castilla” y al mando del jefe de la Comisión, se creó una subcomisión, embarcada en la goleta “Nuestra Señora del Carmen”. Entre 1856 y 1899, la Dirección Hidrográfica publicó treinta y cinco cartas náuticas del archipiélago filipino. Estos trabajos requerían un enorme esfuerzo y una capacidad intelectual muy elevada, ya que Filipinas consta de más de mil islas, entre las que había que establecer fáciles comunicaciones, tanto de personas, como de víveres y de defensa militar.

Claudio Montero y Gay fue ascendido a finales de 1868, nombrándosele Mayor General del Apostadero de Filipinas, cargo en el que permaneció hasta su regreso a la Península, en 1869, con motivo de su nombramiento como Jefe de la Sección de Hidrografía y Establecimientos Científicos del Ministerio de Marina. A partir de 1871, a propuesta del Ministerio de Ultramar, entró a formar parte del Consejo de Filipinas, del que llegaría a ser Vicepresidente. En 1877 regresó a las Islas Filipinas en calidad de Gobernador político-militar de Mindanao y Comandante de la División Naval del Sur de las Filipinas, aunque problemas de salud le obligaron a cesar en ambos nombramientos.

De vuelta a la Península para recuperarse de sus dolencias, retomó la actividad militar a bordo de la fragata “Arapiles” y, a continuación, como Jefe de la Sección de Personal del Ministerio de Marina. En 1881, año en el que fue ascendido a Contraalmirante, ejerció como Segundo Jefe del Apostadero de La Habana, en la isla de Cuba, y Comandante General de su Arsenal. De nuevo en España, fue nombrado Vocal de la Junta de Reorganización de la Armada y Consejero del Consejo Supremo de Guerra y Marina, poco antes de fallecer.

Los servicios que Claudio Montero y Gay hizo a nuestro país son dignos de alabar, no solamente por las cartas náuticas que elaboró y, en general, por su forma de gobernar en Filipinas y Cuba, sino por la genialidad de algunas decisiones en una época en la que declinaban las colonias españolas, pero el buen hacer de Claudio Montero hizo que perduraran las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas hasta el aciago año de 1898. Por ello me atrevo a incluir las tareas patrióticas de Claudio Montero y Gay como uno de los momentos estelares de España.

  

Vicente Llopis Pastor

16 de mayo de 2023

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