Ayer publiqué un artículo sobre
hispanofobia en el que expresaba la existencia de un cierto antiespañolismo
como resultado de la aversión hacia España, la población española, la cultura y
el idioma español. Algo que se inició a raíz del descubrimiento de América por
los españoles y por la colonización y culturización por parte nuestro país a los
nuevos territorios. Ésta es la llamada “hispanofobia externa”, que surgió en el
siglo XVI en el contexto de las rivalidades imperialistas entre las principales
potencias de la época. Inicialmente tenía como eje central la figura de Felipe
II (1527-1598), de quien se ponían en cuestión no sólo sus decisiones de
gobierno, sino también de su propia personalidad e integridad moral. Junto a
ello aparece la “leyenda negra”, hilvanada por potencias europeas en las que se
llegaron a expresar los supuestos crímenes perpetrados por Felipe II, al que se
le acusaba de asesinato de su hijo Carlos de Austria (1545-1568), de su esposa,
Isabel de Valois (1545-1568) y de su secretario, Juan de Escobedo (1530-1578),
además de cometer incesto con su hermana, doña Juana (1535-1573).
Esta
leyenda negra y los comentarios vejatorios hacia los gobernantes españoles,
junto con los piratas, corsarios y bucaneros, sirvieron para desprestigiar a
los españoles y robarnos todo el oro, plata y mercancías que venían de América
a España.
La
hispanofobia externa, es decir, de países europeos, se manifestó en la mayoría
de los Estados de Europa, aunque los más duros fueron Inglaterra, Países Bajos,
Francia y Portugal. Pero esta mala consideración del comportamiento de los
españoles se extendió como una mancha de aceite por buena parte de países
europeos del norte e, incluso, en Italia y otros lugares del Mediterráneo.
Aunque el fundamento de esta hispanofobia era la leyenda negra y la envidia de
las monarquías frente al Imperio Español, en cada uno de estos países se
materializó de distinta forma. Por ejemplo:
Inglaterra.
Desde
el primer momento del descubrimiento de América, los ingleses atacaron con sus
barcos y soldadesca todo lo que administraba y poseía el Imperio Español. La
piratería y la figura, como por ejemplo, de Francis Drake (1540-1596) y otros,
hicieron bastante daño a España. Las guerras en mar y en tierra fueron muy
frecuentes. Tal vez, las más significativas fueron el intento de invadir
Inglaterra por la Grande y Felicísima Armada en 1588, y la respuesta, tres años
después, de Inglaterra, que atacó La Coruña e intentó hacerse con parte de
nuestro país sin lograrlo; la guerra anglo-española de 1655 a 1660, dirigida
por el Protector de Inglaterra, Oliver Cromwell (1599-1558), bajo el reinado de
Felipe IV (1605-1665); los numerosos ataques marítimos a la Sudamérica
española, destacando el intento inglés de apoderarse de Cartagena de Indias, de
la actual Colombia, como vía de penetración en la América de habla hispana, en
la que los ingleses fueron derrotados gracias a la heroicidad del Almirante
Blas de Lezo (1689-1741), cojo, manco y tuerto. De una u otra forma, los
ingleses han estado enfrentándose a nuestro país hasta prácticamente el siglo
XX y, en cierto modo, la guerra de las Malvinas (1982) fue también un ataque
contra la cultura española materializada en las costas de Argentina. Incluso
actualmente los ingleses no suelen hablar bien de España, a pesar de que suelen
venir a pasar sus vacaciones en lugares y playas españolas pero no muestran un
gran aprecio hacia nosotros.
Países Bajos.
Actualmente
se suele denominar Países Bajos a Holanda, pero hay que recordar que en tiempos
del Imperio Español, España dominaba Flandes, con lo que tuvieron varias
guerras hasta que se independizaron de la Corona española. Aquel Flandes cubría
no solamente lo que hoy es Holanda, sino parte de Bélgica y otros territorios.
La guerra marítima entre ambos se repetía con cierta asiduidad y tengo
entendido que nunca se firmó una paz formal, por lo que, hasta finales del
siglo XX, los buques de guerra españoles no podían fondear en Holanda y
viceversa, los Holandeses tampoco podían hacerlo en España. En la Grand Place
de Bruselas hay rotulada una expresión en contra de España en la que se
manifiesta su odio hacia el Duque de Alba (1507-1582), que gobernó Flandes
durante algunos años.
Francia.
El
aprecio que Francia tiene por España es prácticamente nulo. No solamente en
cuestiones de gobierno o de política, sino que los propios franceses,
personalmente, no manifiestan ninguna simpatía hacia los españoles. En mi
experiencia en visitas a Francia no he encontrado cariño e, incluso, una buena
educación respecto a nosotros. Las relaciones con nuestros vecinos franceses
han sido bastante ariscas y, por poner un ejemplo, nos encontramos con que en
la batalla de Pavía (1525), el Emperador Carlos I (1500-1558,) venció a
Francisco I de Francia (1494-1547), tomándolo como preso en España, pero luego
lo dejó libre para que volviera a su trono en Francia; algo inaudito en
aquellos tiempos, porque si se vencía al Rey se podía ocupar Francia por los
españoles, algo que Carlos I no hizo. Sin embargo, la intromisión de Francia en
nuestro país está plagada de hechos desfavorables, por ejemplo, la entrada de
la dinastía de los Borbones franceses en el trono de España. La entrada en
España de ejércitos de Napoleón I (1769-1822) con la excusa de trasladarse a
Portugal para, desde allí, intentar invadir Inglaterra. Fue una estratagema
para que Francia dominara España, y así fue, con la entronización del hermano
de Napoleón, José Bonaparte (1768-1844), con el nombre de José I Bonaparte, que
gobernó hasta el año 1814, en el que se marchó de España por la caída de
Napoleón en la guerra contra Rusia. Posteriormente, la Constitución Española de
1812 la aplicó de 1820 a 1823 el Rey Fernando VII (1784-1833), pero en el año
1823, entraron en España los llamados Cien mil hijos de San Luis, al mando del
francés Duque de Angulema (1775-1844), con lo que el monarca español pasó a ser
rey absoluto, e incluso, en el siglo XX, con el trato de los franceses hacia
los españoles exiliados a Francia a raíz de la Guerra Civil Española
(1936-1939).
Portugal.
Portugal
se manifestó durante los siglos XIV al XVI como una potencia marítima y
colonizadora de África, parte de Asia y América. Esto dio lugar a ciertos
encontronazos y guerras entre ambos países. El Tratado de Tordesillas (1494),
con la anuencia de S.S. el Papa, admitió que Portugal pudiera ejercer su
dominio en una distancia de trescientas setenta millas hacia el Oeste, medidas
desde su colonia de Cabo Verde, en África, y el Imperio Español, desde ese
punto hacia extensos límites a su Oeste, que incluían los Océanos Pacífico e
Índico; todo ello para frenar la posible navegación de los españoles por el
Cabo de Nueva Esperanza. Lo cierto es que los portugueses traspasaron la citada
línea de las trescientas setenta millas y ocuparon un extremo de Brasil, y a
base de guerras, manifestaciones y diplomacia, consiguieron hacerse con Brasil,
que tiene una extensión cercana a los ocho mil quinientos veinte kilómetros
cuadrados. Las relaciones de Portugal y
España no han sido tan belicosas como las que he citado anteriormente, pero
Portugal, que fue parte de España durante el reinado de Felipe II, no tiene
especial aprecio a nuestro país. En Portugal existe una expresión que dice:
“Del Este, ni viento ni casamiento”, metáfora sobre las relaciones entre ambos
países.
Otros países.
Con
menos virulencia encontramos que en Italia, Sicilia, Nápoles y otros lugares
del Mediterráneo también existió una hispanofobia por el dominio que tenía
nuestro Imperio, aunque no llegó a situaciones de guerra pero sí a que una rama
de la dinastía de los Borbones españoles ocupara estas tierras italianas.
A
ello hay que añadir una curiosidad, concretamente la independencia de las
colonias españolas en América, llevada a cabo por los criollos, que eran
españoles nacidos en América, y que fueron quienes lucharon por su
independencia; entre ellos Simón Bolívar (1783-1830), oficial del Ejército
Español que había estudiado en la Real Academia del Ejército en España.
Durante
un tiempo existió una cierta hispanofilia de los nuevos países de habla
española, y aparecen conceptos como hispanidad e, incluso, la expresión de que
España es la “madre patria”, algo que parece haber desaparecido y que aquellos
países con hispanofilia se han transformado en hispanófobos, como es el caso
del actual México, Bolivia, Venezuela, Cuba y algunos otros.
En
conclusión, nuestro país está inmerso en cierta hispanofobia creada por países
extranjeros que no nos aprecian demasiado. Quizás buena parte de ello sea
también consecuencia de que intelectuales e historiadores españoles, de una
forma expresa o tácita, entienden que la hispanofobia es consecuencia del mal
gobierno del Imperio Español y de la España actual.
Vicente Llopis Pastor
19 de abril de 2023
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