La hispanofobia o antiespañolismo es
la aversión por España, por la población española, por Hispanoamérica, por la
cultura y por el idioma español. El término también puede utilizarse en
referencia a quienes tienen repulsa por el españolismo como doctrina política.
Existen diversos lugares donde la hispanofobia es muy elevada, llegando a ser
un fenómeno mediático, político y social que se presenta muy duro contra
España.
La
hispanofobia puede dividirse en dos clases: la externa, proveniente del
extranjero y la interna, proveniente del propio territorio español. Algunos
partidos políticos españoles afirman que en algunas Comunidades Autónomas de
España, como es el caso del País Vasco, Cataluña y, en menor medida, en
Galicia, la hispanofobia se ha convertido en una bandera política y electoral
por parte de grupos nacionalistas y separatistas, a pesar de que forman parte
del Congreso de Diputados y del Senado de España, en los que se permiten atacar
en expresiones contrarias al Gobierno español, sus instituciones, la
administración pública e, incluso, al Jefe del Estado, actualmente en la figura
del Rey Felipe VI (1968). Esta hispanofobia interna no es óbice para que el
Gobierno Central español gobierne en coalición con los partidos políticos que
intentan separarse de España, buscando la independencia y sosteniendo un
mensaje siempre contrario a lo que pueda expresar el Gobierno Central español.
No
es fácil conocer el origen de esta hispanofobia, aunque se suele vincular con
la denominada “leyenda negra”, término con el que algunos autores designan los
textos y rumores surgidos en el seno de algunas monarquías europeas, tendentes
a desprestigiar las acciones de la Corona española, y que identifican el
comportamiento de España en el descubrimiento y colonización de América como
una opresión a los indios americanos. Esta leyenda negra aparece a partir del
siglo XVI, generada por países europeos que se servían de dicha leyenda para
desacreditar todo lo que España hacía en sus colonas; entre las monarquías
europeas tendentes a desprestigiar las acciones de la Corona española. figuran
Inglaterra, Países Bajos, Francia y Portugal. Realmente fueron estas cuatro
monarquías quienes se dedicaron a la trata de esclavos y a atacar a los barcos
españoles que navegaban entre España y sus colonias americanas para robarles el
oro, plata y mercancías mediante piratas, corsarios y bucaneros. Incluso, en el
caso de Inglaterra, los reyes ingleses concedían la llamada “patente de corso”
para que algunos de sus piratas tuvieran la protección de su Rey.
En
el siglo XVII, la hispanofobia de Inglaterra llegó a tal extremo que Oliver
Cromwell (1599-1658), Lord Protector de Inglaterra cuando ésta no tenía Rey,
porque había sido ejecutado, la utilizó en su “western design”, provocando la guerra entre la monarquía española
y el protectorado británico de 1655 a 1660, que fue un conflicto bélico librado
entre la Commonwealth de Inglaterra y España, en la que entonces reinaba Felipe
IV (1605-1665), y que se libró en el mar, sobre todo en el Caribe, Cádiz,
Canarias, Flandes y otras zonas de dominio español, al igual que en el siglo
XVIII fue de nuevo utilizada por los ingleses en un intento de quitar dominios
al Imperio Español en América bajo el criterio de que España era incapaz de
gestionar las Indias económicamente.
A
pesar del buen trato, colonización y culturización del Nuevo Mundo por los
españoles, los países europeos que he citado generaron la leyenda negra
española, que es una teoría defendida por la corriente historiográfica que
afirma la existencia y difusión de propaganda antiespañola y anticatólica.
Estos países crearon esta leyenda originalmente como arma política y
psicológica que fue utilizada y extendida por países rivales noreuropeos de
España con el fin de demonizar al Imperio Español, su gente, su cultura y su idioma,
minimizando los descubrimientos y logros españoles y contrarrestando su
influencia y poder en los asuntos mundiales. Dentro de esta leyenda negra
española incluyen críticas a la Santa Inquisición Española, apología del
protestantismo frente al catolicismo.
Junto
a la “hispanofobia externa” aparece la llamada “hispanofobia interna”, que se
originó a finales del siglo XIX, en el contexto de la consideración de los Estados
como naciones y la crisis de la conciencia nacional española, puesta de
manifiesto tras el desastre de 1898, con la guerra de Estados Unidos frente a
España, en la que perdimos las últimas colonias de Cuba, Puerto Rico y
Filipinas. Al disminuir el papel de España internacionalmente, los propios
españoles se repliegan en la península y aparecen las rencillas y buscan
diferenciarse entre ellos, creando una nueva forma de entender lo que es
España. Concretamente, aparece la hispanofobia vasca, como aversión por España,
que fundamenta el nacionalismo vasco como un movimiento que ensalzaba las
cualidades étnicas de los vascos, que eran superiores en todos los campos
frente al resto de los españoles. La figura de Sabino Arana (1865-1903), quien
achacaba a los a los españoles como inmigrantes, a los que denominaba maketos,
ensalzando los rasgos propios vascos, y la llamada Patria Bizkaia.
Igualmente,
en Cataluña aparece la consideración de su separatismo e independencia respecto
a España, cuestión que se refleja en la historia por el predominio de Castilla
sobre Aragón, de cuya monarquía Cataluña era un condado. Se crean partidos
políticos y, sobre todo, el uso de una lengua propia, el catalán, que
paulatinamente va perviviendo con mayor profundidad hasta manifestar su odio al
idioma español. Entre los partidos políticos creados en Cataluña aparece el
llamado “Esquerra Republicana de Catalunya” (ERC), que defendió en el primer
tercio del siglo XX una fórmula federalista para España que pusiera fin a un
Estado “retrógrado y anclado en las viejas estructuras decimonónicas”, que para
los catalanes era la situación de España y que, en la actualidad, continúan con
esa misma idea.
También
aparece una incipiente hispanofobia en Galicia, aunque fue más suave, pero
tiene sus partidos políticos nacionalistas defensores de Galicia y atacando al
Gobierno español.
En
sucesivos artículos escribiré sobre los detalles de cada una de estas dos
hispanofobias: la externa, de países y monarquías rivales al Imperio Español y
la hispanofobia interna, que últimamente se ha transformado en una política
oficial en la que destacan las competencias de las Comunidades Autónomas.
Hasta el próximo artículo.
Vicente Llopis Pastor
18 de abril de 2023
Comentarios
Publicar un comentario