Un paradigma es un
modelo que se considera y se sostiene como válido en una determinada disciplina
científica. Se suele usar en las llamadas Ciencias Sociales y no tanto en las
Ciencias Exactas. En la Ciencia Económica resulta imposible hacer pruebas,
ensayos, alambiques, cubetas y otros instrumentos que las Ciencias Física,
Química, Matemáticas, y lo que en general se llaman Ciencias Exactas, sí pueden
llevar a cabo.
En las Ciencias Sociales, a falta de
instrumentos que puedan medir o calibrar los temas de los que se ocupan,
aparecen los llamados “paradigmas”, algunos de ellos son simples estadísticas
que se comparan con otras previas y que, al aceptarse por la mayoría de los
economistas, se trasforman en una especie de “la verdad” en la Ciencia
Económica; si esta forma de presentar la verdad la acepta la mayoría de los
estudiosos de la Economía, se considera que su contenido es una parte
importante de algunos apartados de la Ciencia Económica.
Podría decirse que la Ciencia
Económica avanza mediante la renovación paradigmas de conocimiento. Algún
destacado economista que nos explique las razones por las que no existe pleno
empleo de los factores productivos, inflación, tipos de interés, balanza de
pagos y lo explique de manera convincente junto con algunas representaciones mediante
el uso de las matemáticas y modelos gráficos que miden temas como el cálculo
infinitesimal, el cálculo diferencial, el cálculo de integrales y otros
aspectos formales, pasan a situarse como un paso importante en el conocimiento
de la economía. Dicho de otra manera, la Ciencia Económica avanza mediante la
aceptación por la mayoría de los economistas de algún aspecto que un autor ha
presentado. Es algo así como avanzar mediante elecciones, se elige por su
presentación alguna idea, séase consumo, producción, precios, renta, balanza de
pagos, oferta monetaria y tantos conceptos, que al ser votados favorablemente
por los especialistas, se considera que la verdad se va renovando según el paso
del tiempo. Es algo así como las Elecciones Generales, Autonómicas y Locales de
nuestro país, en las que cada cuatro años se puede producir la modificación del
partido gobernante.
Dignísima forma de estudiar una
ciencia social como es la Economía, pero que no siempre se adapta de forma
absoluta a la situación del sector productivo o del país al que se aplica. Durante
la Historia Universal, desde antes de la Antigua Grecia hasta hoy, algunos
paradigmas han ido desapareciendo y se han incorporado otros, tanto por la
evolución de las maneras de producir como por desfases en los procesos
productivos. El paradigma de conocimiento de las sociedades anteriores a la
Antigua Grecia es muy distinto del que pueda haber ahora. Si algunos de estos
paradigmas se mantienen durante cierto tiempo, se pueden crear las llamadas
“Escuelas”. Así tenemos la Escuela Fisiocrática, el Mercantilismo, el Monetarismo
y tantos otros, el conjunto de los cuales se suele estudiar como “Historia del
Pensamiento Económico”, donde destacó Josef Allois Schumpeter (1883-1950), en
su obra “Historia del Análisis Económico”, y al que hay que agradecer que
citara que la Ciencia Económica fue una creación de los españoles en la
Universidad de Salamanca, y de ahí se considera que España fue la creadora de
la Ciencia Económica y no los escoceses del siglo XVIII, dentro del cual,
indebidamente, se cita a Adam Smith (1723-1790) como “padre” de la Ciencia
Económica y que apareció más de doscientos años después de las aportaciones de
la Escuela de Salamanca.
Los principales paradigmas de la
Ciencia Económica han renovado las ideas de cómo funciona un país, una región,
un oferente, un demandante y otros operadores. Se han transformado en una serie
de modelos validados empíricamente por la mayoría de los economistas y no
siempre se han mantenido en todo su valor, sino que ha habido muchos críticos
con determinados paradigmas que, siendo considerados como tales, no presentan
ese empirismo que, por otro lado, se exige a un modelo para ser considerado un
paradigma. Esto ha dado lugar a grandes debates a lo largo de la Historia que
han generado discrepancias entre los economistas, los cuales consideran estos
paradigmas de forma distinta, dependiendo del pensamiento que éstos defienden,
es decir, de su ideología. Por eso no nos extrañe que se hable de la economía
ortodoxa frente a la economía heterodoxa.
En este siglo XXI que nos toca vivir
están apareciendo algunos paradigmas que en siglos anteriores ni se definían ni
se usaban; entre otras cosas porque la tecnología no era propicia para ello y
los fines de la Ciencia Económica eran distintos a los actuales.
A mi entender, y como ejemplo, me
permito incluir como nuevos paradigmas de la economía a conceptos tales como:
a) Economía colaborativa, que coexiste
con la economía de mercado. Es el primer sistema económico que se consolida
desde el surgimiento del capitalismo y el socialismo allá por el siglo XIX.
Este nuevo paradigma está llamado a transformar radicalmente la vida económica.
b) El internet de las cosas. Los
sectores productivos han sido los primeros damnificados de la economía de coste
marginal cero, hasta ahora considerado este último como el único válido para el
equilibrio de la economía y se consideraba como una visión neoclásica que
aportó la Escuela de Viena de Economía.
c) La revolución dentro de la
revolución tecnológica, que va a permitir a millones de prosumidores producir y
compartir su propia energía renovable con un coste marginal casi nulo. También
una gama cada vez más amplia de productos y servicios físicos. Además se da la
convergencia de internet de las comunicaciones con el de la energía y el
transporte y la logística está creando una nueva infraestructura tecnológica.
Esta nueva infraestructura empieza a cambiar la economía global de forma
radical.
d) Big Data, consistente en la
convergencia de internet de las comunicaciones, de la energía y del transporte,
lo cual permite conectar miles de millones de sensores. Estos sensores se
conectan a su vez a flujos de recursos, almacenes, sistemas binarios, cadenas
de producción, redes eléctricas, oficinas, hogares, tiendas, vehículos y otros.
Los datos recogidos los envían a internet de las comunicaciones, de la energía
y del transporte.
e) Millones de participantes. Para
entender la importancia de la economía colaborativa que he citado al principio
basta con un dato: En Estados Unidos de América, más de ochenta millones de
personas partipan de forma activa en ella. Varios millones de ellos utilizan
servicios para compartir automóviles; otros varios millones comparten sus
viviendas con viajeros; en consecuencia, el valor de intercambio propio del
mercado se ve reemplazado por el nuevo valor de compartir. Les guste o no, las
empresas tendrán que aceptar el cambio que conlleva la economía colaborativa y
adaptarse a él. Muchas de las empresas seguirán desempeñando un papel
importante, pero será cada vez más especializado en agregar servicios y
soluciones en red. Y por eso no impedirá que la economía global entre en un
mundo que está cada vez más allá de los mercados.
Estos paradigmas de conocimiento de la
Ciencia Económica se están prodigando cada vez más y se transforman en una
serie de corrientes de opinión que sirven para elegir a los Premios Nobel de
Economía de cada año.
Aunque no lo parezca, lo cierto es que
estamos en una revolución del estudio de la Ciencia Económica y se ha superado
la clasificación de las corrientes de opinión que ha habido a lo largo del
tiempo, séase Trueque, Fijación de Precios, Mercantilismo, Fisiocracia,
Marxismo, Clasicismo, Keynesianismo, Monetarismo y muchas y diversas formas de
explicar la economía y la validez de sus diversas ideas.
Mañana me permitiré hablar sobre estas
últimas Escuelas de pensamiento y en qué condiciones se manifestaban en cada
lugar.
Mañana más.
Vicente Llopis Pastor
21 de marzo de 2023
Comentarios
Publicar un comentario