El
Gobierno español ha aprobado un impuesto extraordinario a los beneficios de la
banca española, entendiendo que las entidades financieras ganan mucho dinero y
que las cifras que maneja son tan altas que quiere que dichos beneficios sirvan
para aplicarlos al gasto social. En este caso, se va en contra de la
distribución ortodoxa de los beneficios en tres partes, cuales son pago de
dividendos a los accionistas, incremento de fondo de reserva para mayor solidez
de la entidad bancaria y los impuestos ordinarios.
Este hecho supone una especie de expropiación de los beneficios de los bancos y que ha tenido una respuesta contundente de la Federación Bancaria Europea (FBE) que representa los intereses de más de 5.000 bancos europeos en 31 países, con activos combinados de más de 30.000 millones de euros y alrededor de 2,4 millones de empleados. Esta FBE actúa como un foro para proponer y discutir las iniciativas de los gobiernos, y también como socio de diálogo con las instituciones europeas, que son responsables de la legislación en el ámbito de la banca. La FBE fue creada en el año 1960 para apoyar el proceso de unificación de Europa y la salvaguarda de los intereses de los bancos en la Unión Europea. Actualmente está presidida por la española Ana Botín-Sanz de Sautuola O'Shea (1960), presidenta del Banco Santander.
La FBE considera que los nuevos impuestos que España va a aplicar a las entidades bancarias son “injustificables y discriminatorios”, no tienen rigor científico y, además, es una fórmula que emplea el Gobierno para cubrir el gran déficit que mantiene con un crecimiento anual muy exagerado y no servirán para paliar el problema de la inflación, indicando que dichos gravámenes podrían afectar la capacidad de recuperación del sector para financiar la economía. El incremento de la tributación de los bancos se trasladará al crecimiento de comisiones, gastos de mantenimiento y todo tipo de definiciones para cargar a sus clientes y cuentacorrentistas con la enorme cuantía de este impuesto extraordinario. Pero no está claro que puedan repercutir en sus clientes este nuevo impuesto, ya que expresamente el Gobierno español ha manifestado que no se traslade a los clientes la cuantía de dicho impuesto, es decir, que los bancos van a pagar más impuestos pero no pueden repercutirlo en las cuentas de sus clientes; algo difícil de entender pero que así lo ha fijado el Gobierno y harán uso de inspectores para revisar el cumplimiento de estas instrucciones.
La FBE recuerda
que los bancos financian alrededor de dos tercios de la economía europea,
proporcionando fondos cruciales para las personas y las empresas, y tienen un
papel estabilizador en la economía de cualquier país; afirmando que Europa
necesita bancos sanos y rentables y las medidas “injustificables y
discriminatorias” son impuestos “ad hoc” que solo servirán para debilitar la resiliencia
del sector bancario y obstaculizar su capacidad para continuar otorgando
crédito a empresas y personas físicas y jurídicas.
Estas
manifestaciones de la FBE cuentan con el beneplácito de los técnicos del Banco
Central Europeo (BCE), pero que no lo manifiestan públicamente porque su misión
es controlar la inflación y en temas fiscales no participa, ya que su objetivo
es la política monetaria.
En fin,
una decisión del Gobierno español que no parece técnicamente correcta y cuyo
resultado va a tener algunas consecuencias negativas como podrían ser: baja de
cotizaciones en la Bolsa española, sobre todo en el Ibex-35 que incluye la
mayoría de los bancos españoles; reducción de las inversiones extranjeras e
incluso nacionales por la merma de los beneficios esperados; inseguridad
jurídica por aplicarla de forma retroactiva y ser un cambio sustancial en la
financiación de los sectores productivos de España.
Las manifestaciones
de la FBE no afectarán a las ideas del Gobierno español que tiene previsto que
este tipo de impuesto extraordinario se vaya a aplicar a sectores y empresas de
enorme capital, entre las que se cuentan las empresas de energía, electricidad,
gas, e incluso empresas multinacionales españolas.
Estimado
lector, prepárese para lo que se avecina en el sector bancario español, que
está sujeto a nuevas concepciones del trato con sus clientes mediante nuevas
tecnologías y el uso de cajeros automáticos y otras fórmulas para reducir sus
costes operativos. Dentro de dos o tres años, la banca española tendrá un
cambio revolucionario y no será reconocida ni por su madre.
Un
afectuoso saludo.
Vicente Llopis Pastor
21 de septiembre de 2022
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