España ha tenido
sus momentos de éxito y ha aportado temas de todo tipo que han sido la
admiración de los países amigos o enemigos. Arte, pintura, escultura, música,
humanidades, y tantos otros temas que han sido difundidos por universidades españolas
y por profesores, catedráticos, eclesiásticos y personas de buena voluntad en
nuestro país. Hoy voy a hablar de “el lenguaje de signos”, creado por el monje
benedictino Pedro Ponce de León (1520-1584), considerado como el precursor del
lenguaje para los sordomudos y el primer maestro de su método.
Pedro Ponce de
León nació en la villa de Sahagún, de León. Lo que se sabe fehacientemente de
él es que aparece en la crónica de Francisco Valles de Covarrubias (1524-1592),
médico del rey Felipe II (1527-1588), titulada “De iis scripta sun physice in libris sacris, sive de sacra Philosophia
liber singularis”, con fecha de publicación en el año 1587, como creador de
un lenguaje de signos, y en la escrita por el cronista de la Orden benedictina
fray Juan de Castañiza (1555-1599), coetáneo de Pedro Ponce de León, que lleva
por título “Historia de San Benito”,
donde menciona la obra de fray Pedro y los discípulos que tuvo.
Pedro Ponce de
León tomó el hábito benedictino en el monasterio de Sahagún en 1526, y allí
permaneció varios años hasta su traslado al monasterio burgalés de San Salvador
de Oña. Es su condición monacal, que obliga a la comunicación por signos entre
los monjes durante los momentos de vida silenciosa, la que orientará a fray
Pedro en la idea de un lenguaje específico para los sordomudos, con el que
ellos pudieran comprender el mundo y el mundo relacionarse con ellos.
En 1545, fray Pedro
recibió el encargo de educar a los hijos mudos de Íñigo Fernández de Velasco y
Tovar (1520-1585), II marqués de Berlanga, embajador en Roma, miembro del
Consejo de Estado y del de Italia, presidente de Aragón y Camarero Mayor de
Felipe II. Sus hijos, Francisco y Pedro Fernández de Velasco y Tovar, de doce y
nueve años de edad respectivamente; aunque antes de esta docencia llevó a cabo
una experiencia fructífera con su hermano de Orden, Gaspar de Burgos, que le
valió fama.
El método de fray
Pedro fue perfeccionado por el pedagogo Manuel Ramírez de Carrión (1579-1654) y
divulgado por el también pedagogo Juan de Pablo Bonet (1573-1633), autor del
tratado “Reducción de las letras y arte
para enseñar a hablar a los mudos”, primero al respecto.
En 1584 fallecía
Pedro Ponce de León, fray Pedro. Su memoria continúa viva en los monumentos de
los lugares de España que le recuerdan, destacan los de su localidad natal,
Madrid y Valencia, en el que reza a petición de la Sociedad de Sordomudos, la
siguiente inscripción: “La Asociación
Valenciana de Sordomudos al ilustre benedictino español fray Pedro Ponce de
León (1520-1584), inventor del método oral puro para la enseñanza del
sordomudo”. Numerosos centros e instituciones educativas de carácter
especial en todo el mundo homenajean a fray Pedro luciendo su nombre.
Esos benditos
frailes españoles tan denostados, autores sin embargo de tantos de los pasos
que han conducido finalmente a ese gran logro de la humanidad que son los
estados del bienestar y la asistencia social. Si ya conocíamos bien poco la
obra de fray Juan Gilabert (1350-1417), la primera persona en la historia que
abre un hospital para enfermos mentales, hablamos en este caso de fray Pedro
Ponce de León. El método de desmutización ideado por fray Pedro vendría a ser
perfeccionado por Manuel Ramírez de Carrión y finalmente, divulgado por Juan de
Pablo Bonet; y ello aún de que dentro del espíritu denostase como los primeros
de los métodos de enseñanza de sordomudos, ninguno de los dos hicieran referencia
en momento alguno a la deuda contraída con el fraile.
Fray Pedro Ponce
de León murió en el monasterio de San Salvador de Oña el 29 de agosto de 1584,
a una edad cercana, por lo tanto, a los setenta años. La verdad es que la
memoria de fray Pedro se ha visto perpetuada mediante monumentos en muchos
lugares de España, e incluso en el extranjero. En Sahagún, su lugar de
nacimiento, al lado de los restos de la abadía benedictina, también en el
parque El Retiro de Madrid y en los jardines de El Real – Los Viveros de
Valencia, esta última obra de Salvador Octavio Vicent (1913-1999), realizada en
1951 y colocado a petición de la Sociedad de Sordomudos. En España e Iberoamérica,
pero también en otros lugares del mundo, el fraile benedictino da nombre a
muchos centros e instituciones relacionadas con la educación especial y
particularmente de los sordos.
Actualmente el
lenguaje de signos se utiliza en todos los países, incluso en sesiones del
Congreso de Diputados español, organismos internacionales y otros entes que
hacen uso de los signos según los diversos idiomas que se manejen.
Un eslabón más a
unir al Imperio Español, en unos tiempos en los que en aceptada frase del rey
Felipe II dijo “en mis dominios nunca se
pone el sol”. Gran verdad geográfica, pero también metafóricamente
aplicable a todos los campos de las Letras, Ciencias, Artes, Arquitectura y los
múltiples quehaceres humanos.
Ante los
destacados momentos estelares de España no olvidemos al monje benedictino fray
Pedro Ponce de León, el hombre que hizo hablar a los mudos y que formó escuela
que han seguido más tardíamente otras naciones.
Un afectuoso
saludo.
Vicente Llopis
Pastor
22 de junio de
2022
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