Carl von Clausewitz (1780-1831) fue un militar prusiano,
combatiente en la mayoría de las batallas napoleónicas que tuvieron lugar en la
Europa de su época. Se le considera como el más influyente historiador y
teórico de la ciencia militar moderna y sus ideas se estudian en todas las academias
generales militares de todos los países. La obra más importante que escribió se
titula “De la guerra”, en la que manifiesta que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”.
Según él, la guerra puede crear nuevos países, cambiar fronteras, masacrar a
ciudadanos, crear conflictos y aspectos negativos en el devenir del humano, que
cambian el curso de la historia y en el que algunas personas o países son
beneficiados y otros son perjudicados. Por ejemplo, las guerras napoleónicas,
sobre todo el final del imperio del emperador Napoleón I Bonaparte (1769-1821),
sirvió para que en el Congreso de Viena de 1815 se dibujara un nuevo mapa
político de Europa y que permaneció con imperios como el austrohúngaro, alemán,
ruso y otras monarquías, hasta que desaparecieron con la Primera Guerra Mundial
(1914-1918), la llamada “guerra de las trincheras”, la cual fue descrita por el
escritor austríaco Stefan Zweig (1881-1942) como la última guerra romántica de
la Historia. Desde entonces, las guerras son cada vez más sanguinarias y hemos
llegado al extremo de que contamos con la capacidad de una guerra nuclear que
destruiría el planeta Tierra y todos sus seres y habitantes.
Las guerras generalmente finalizan con un armisticio, que
quiere decir parar las armas, para negociar lo que se llama “tratado de paz”,
pero con ello no acaba la propia guerra, ya que hay todo tipo de decisiones que
acompañan los tratados de paz en los que se coarta el comercio, se evitan rutas
de transportes marítimos, se grava la producción de un país, se recaudan
indemnizaciones que han de pagar los vencidos, se negocian acuerdos con los
Estados que no han intervenido en la guerra, etcétera, etcétera. Todo ello lo
explicó sabiamente Clausewitz, junto con los conceptos habituales de logística,
táctica, operaciones, planificaciones, suministros, mantenimiento de armas
ofensivas, respuesta de armas defensivas y otros conceptos militares.
Hace tres meses desde que lo que hasta entonces se llamaba
una “probable” invasión de Ucrania, se trasformó en una realidad. Rusia, al
desintegrarse en la década de los 90 del pasado siglo, la antigua Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) dio lugar a la creación, o separación,
de algunos Estados o países que en su momento componían la URSS. Esto supuso
una importante reducción de la extensión geográfica del país, a pesar de lo cual
la actual Rusia supera los dieciséis mil kilómetros cuadrados, siendo el país
más grande que existe en la actualidad.
A pesar de que Rusia se ha incorporado a algunas fórmulas
sociales y políticas propias del mundo occidental, no ha desaparecido la idiosincrasia
del conjunto de etnias que componen Rusia, tanto en Europa como en Asia. No ha
desaparecido el concepto, muy popular en otros tiempos, de “la madre Rusia” y,
a pesar del sistema democrático y parlamentario, este último conformado con la
llamada “Duma”, hay un fondo de autoritarismo y obediencia en los ciudadanos
rusos, y al que gobierna se le puede aplicar la concepción de “el Zar de todas
las Rusias”, aunque ya no existe como tal, sino que el que gobierna es un
Presidente de Rusia, quien toma decisiones de enorme envergadura por mor de la
Historia desde la revolución rusa de los mencheviques y bolcheviques del año
1917, en la que fusilaron al Zar Nicolás II (1868-1918). Todo ello forma parte
de la idiosincrasia, de la forma de gobernar y de la autocracia de los poderes
públicos de Rusia.
Con la desaparición de algunas repúblicas de la URSS,
independencia de algunas de ellas y la situación estratégica en la que quedó
Rusia, los actuales gobernantes, sobre todo el actual presidente, Vladimir
Putin (1952), quieren volver a mantener la extensión y poder que tuvo la URSS
durante la época de la llamada “Guerra Fría” (1945-1991), y está actuando de
forma unilateral en algunas cuestiones. Por ejemplo, la invasión y toma de
Crimea, en donde estuvo fondeada la mayoría de la flota naval de la URSS, que
consiguió ocuparla con facilidad. Sus ideas no acaban en este hecho, sino en
recuperar algunos países que nacieron al socaire de la desaparición en 1991 de
la Guerra Fría, y nos encontramos con que en estos momentos Rusia ha invadido
Ucrania, un país de gran extensión, el mayor de Europa, que tiene una situación
estratégica inmejorable y es uno de los graneros, no solo de Europa, sino de
todo el mundo. Estos hechos están dando lugar a desgarradoras situaciones de
matanzas, crímenes de guerra, destrucción de edificios, ciudades, puentes,
carreteras y otras infraestructuras. Ucrania no tiene poder suficiente para
neutralizar el ataque de Rusia y está dando muestras de heroicidad. Los países
occidentales, que en su mayoría son partidarios de Ucrania frente a Rusia, les
están facilitando armas de guerra de aceptable tecnología, pero no pueden
intervenir para repeler esta invasión porque no les es permitido por la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), dentro de la cual no
figura Ucrania. No obstante, esta ayuda más o menos indirecta, de los países
occidentales, están permitiendo resistir militarmente a los ciudadanos ucranianos,
a pesar de que algunos millones de ellos, sobre todo niños y mujeres, han huido
del país y están ubicados y, en algunos casos, bien atendidos, en los países
democráticos occidentales, entre ellos España.
Pero tal como decía Clausewitz, “la guerra es la continuación de la política por otros medios” y,
en los tiempos actuales, esos otros medios son fundamentalmente el comercio
internacional, la financiación, la cotización de sus unidades monetarias y, en
definitiva, una “guerra de divisas”. Esta guerra de divisas, que tiene mucho de
belicosa, pero que no usa armas que matan a las personas, si coarta la libertad
de algunos países y margina a otros en el comercio internacional y en el
desarrollo de la producción y transporte de productos en todo el mundo.
Como ha ocurrido en otras ocasiones, los Estados Unidos de
América han abanderado ahogar la economía de Rusia, poniéndole muchas
dificultades para comerciar sus productos, comprarles petróleo, buscar
alternativas al gas ruso, negación de que el transporte aéreo ruso pueda
aterrizar en países occidentales y otras muchas decisiones que el lector
reconoce y que suponen cada cierto tiempo ir apretando cada vez más el cuello
de Rusia con el fin de conseguir ahogarla. Todas estas decisiones, como ocurre
en el sistema capitalista que domina el mundo, tienen sus consecuencias en las
unidades monetarias de todos los países. Fundamentalmente voy a referirme a los
casos de las cuatro monedas más significativas internacionalmente, que son el
rublo ruso, el yuan chino, el dólar estadounidense y el euro de la Unión Europea.
Cada una de estas divisas está siendo afectada expresa o tácitamente por esta
invasión de Ucrania por parte de Rusia.
a) Rublo ruso.
El inicio de la
invasión rusa de Ucrania dio lugar a una bajada de la cotización de las
empresas en la bolsa de Moscú, pero paulatinamente ha ido recuperándose, sobre
todo por la exigencia de Rusia de que sus exportaciones de petróleo, gas
natural y otras materias primas se paguen en rublos y no en dólares
estadounidenses que es lo habitual.
b) Yuan chino.
Realmente el
nombre del yuan chino es el de “remimbi” como divisa internacional. Hace años
que firmaron un protocolo China y Rusia para que las transacciones comerciales
entre ambas se materializaran en yuan o en rublos, y no en el dólar
estadounidense, fijado por los acuerdos de Breton Woods de 1944.
c) Dólar estadounidense.
Ante la situación
de guerra en Ucrania los inversores buscan la seguridad de las divisas que
poseen, lo cual ha dado lugar a que aumente la cotización del dólar
estadounidense que, de una situación de un euro igual a 1,20 dólares
estadounidenses, está alcanzando la paridad, es decir, uno por uno. El dólar
estadounidense se está transformando en la moneda-refugio.
d) Euro.
Está mostrando
una gran debilidad, ya que está ayudando en lo posible a Ucrania y no está claro
que este país continúe en la órbita occidental como es su deseo. Además, la
trascendencia económica y demográfica de Europa es muy baja en comparación con
los países del resto del mundo. Concretamente, la producción y comercialización
de los países de la Unión Europea suponen un 6% mundial; la zona norte y sur
del Pacífico, en la que señorea China y cuya población es numerosísima, hasta
alcanzar más de la mitad de la población mundial, genera el 60%; y Estados
Unidos, que genera el 34%.
Entre las monedas
más fuertes se encuentra el yen japonés y el franco suizo que, por el momento,
no han sentido los avatares de esta invasión rusa de Ucrania y están
manteniendo su estabilidad en el tipo de cambio de sus divisas.
La
política monetaria de Estados Unidos de América depende de la Reserva Federal
(FED) que está reduciendo la liquidez que ha mantenido durante los últimos años
y que busca atajar en lo posible la inflación. Yo creo que esta decisión va a
ser seguida por el BCE respecto al euro. Ante esta tesitura nos encontramos con
que Europa ya no es la culta y desarrollada Europa de siempre, cuna de la
civilización occidental; está perdiendo peso en la diplomacia y en el mundo
económico. Europa es el eslabón más débil de la cadena de las divisas que he citado
y va a verse perjudicada.
La UE será
una potencia de cuarto orden que cada vez pintará menos en el panorama
internacional. El mundo se ha trasladado al Pacífico Norte, en donde viven dos
tercios de la población mundial, y Europa será el museo al que acudirán a
visitar los nuevos, dinámicos, y también poco generosos, países que controlarán
la economía mundial. Si esto último así fuera, la fortaleza del euro podría aún
mantenerse, aunque hay un instrumento que lo destruye todo: “el tiempo”.
Esta guerra
de divisas que he comentado sigue la línea de lo que en su momento expuso Carl
von Clausewitz. Este historiador, teórico y militar prusiano, ilustre
representante de la Academia Militar Prusiana, una de las más prestigiosas y
reconocidas de toda la historia militar, escribió el célebre ensayo moral al
que me he referido, titulado “De la guerra”, en el que abordó la razón de ser y
el devenir de los conflictos armados. El pensamiento más ilustre de su obra lo
recoge la siguiente frase: “La guerra no
es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una
continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas por otros
medios”.
No
obstante, el propio Clausewitz hizo especial hincapié en que los factores y las
consecuencias de los conflictos armados son extremadamente complejos e
impredecibles. Esta inherente incertidumbre vinculada a las guerras y sus
nefastas consecuencias, ocasionando la ruina más absoluta a todos sus
contendientes, deberían ser lo suficientemente disuasorias como para que los
bloques que forman parte de este conflicto siguieran insistiendo en la vía
diplomática para buscar una solución.
Un
afectuoso saludo.
Vicente Llopis Pastor
21 de mayo de 2022
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