Estimado lector, según comenté en el artículo titulado “Anecdotario (XX)”, voy a seguir incorporando nuevas anécdotas cada lunes. La anterior entrega fueron diez anécdotas. Así que comencemos:
201)
Álvaro de Luna.
Don Álvaro de Luna (1388-1453) fue Privado del Rey de
Castilla, don Juan II (1405-1454) y murió decapitado en la Plaza de Valladolid,
como consecuencia del proceso que se le siguió, desde luego con consentimiento
del Rey.
Camino del cadalso, don Álvaro, montado en una mula y
cubrieron de ropas negras, tuvo que cruzar entre la multitud. Le precedían diez
pregoneros que iban voceando el pregón, es de suponer que para ejemplo y bien
del país. Decía el pregón: “Ésta es la justicia que manda hacer el Rey, nuestro
Señor, a este cruel tirano usurpador de la corona real, en pena de sus maldades
y de los “deservicios” que hizo al Rey, mandándole degollar por ello”.
Cuenta la anécdota que uno de los pregoneros se
equivocó y que en vez de “deservicios”, dijo “servicios”. Y don Íñigo Estúñiga,
uno de los caballeros que llevaban a matar a don Álvaro, reprendió al
pregonero. Y entonces don Álvaro exclamó: “Dices bien, que por los muchos
servicios que hice al Rey, ahora me manda degollar”.
202)
Frey Félix Lope de Vega y Carpio.
Un amigo de Frey Félix Lope de Vega y Carpio
(1562-1635) le hablaba de su gloria inmortal. Y Lope de Vega le preguntaba: “¿Inmortal?
¿Y cómo lo podré saber? Y si y no lo sé, ¿qué me importa la inmortalidad de mi
gloria? Gloria, gloria… Tengo escritas novecientas comedias, doce libros en
prosa y varios volúmenes en verso. ¿Qué es lo que he conseguido con todo esto?
Hacerme algunos enemigos y nada más”.
El amigo le dijo: “Pero dentro de muchos siglos
todavía se hablará de vos”.
Lope de Vega le contestó: “Cosa que sólo servirá para
fastidiar a los que entonces estudien literatura; y que a mí, ahora me tiene
completamente sin cuidado”.
203)
Pío Baroja.
Llegado el verano, Pío Baroja y Nessi (1872-1956), se
iba al Norte de España, a su casa del País Vasco. Un día, cuando cruzaba la calle
para entrar en la Estación del Norte, tres muchachas le reconocieron y una de
ellas gritó: “¡Es don Pío Baroja!”.
Y las otras le gritaron: “¡Adiós, don Pío!”.
Y Baroja dijo después a un amigo que le acompañaba:
“Esto es todo lo que se saca en España de llegar a ser un escritor conocido”.
204)
Jacinto Benavente.
Nuestro autor dramático y productor cinematográfico
don Jacinto Benavente (1866-1954) fue Premio Nobel de Literatura en 1922.
Algunos de sus dramas, como “La malquerida”, por ejemplo, son de una
construcción teatral perfecta. En cierta ocasión le visitó un joven escritor
para pedirle que le recomendara a un empresario a que quería visitar y
ofrecerle una obra de teatro. Benavente quiso conocer primero la obra. La leyó
y le pareció muy mala. No sabía cómo decirle después al joven autor que no se
atrevía a recomendarle.
Hablaban, hablaban y el muchacho, presuntuoso, le
dijo: “Me precio de conocer a los hombres y, sobre todo, de adivinarles el
pensamiento”.
Benavente le dijo: “¿De veras?”.
El joven dijo: “Sí, sí”.
Y Benavente le dijo: “Pues le ruego que me perdone”.
205)
Auguste Renoir.
El pintor francés Auguste Renoir (1841-1919) es uno de
los pintores de quien más falsificaciones se han hecho y vendido. Los
falsificadores sabrán si es debido a que no resulta muy difícil de falsear o a
que los coleccionistas pagaban bien los renoirs. De este pintor se ha dicho que
de los 500 cuadros que pintó en su vida, hay más de 2.000 en las colecciones de
los Estados Unidos.
206)
Giovanni Papini.
El escritor italiano Giovanni Papini (1881-1956) fue
un escritor de gran fecundidad. Desde 1906 hasta pocos años antes de su muerte,
publicó unos cincuenta libros, la mayoría muy extensos. Le decían una vez que
escribía mucho, y se defendió así:
“Mucho menos de lo que podría. A diez páginas diarias
es un libro todos los meses, y en cincuenta años no he llegado aún a los
cincuenta artículos”.
207)
Fançoise René de Chateaubriand.
Françoise René de Chateaubriand (1768-1848),
diplomático, político y escritor francés, considerado como el fundador del
romanticismo en la literatura francesa, era treintaicuatro años mayor que el
fecundo escritor Víctor Hugo (1802-1885).
Chateaubriand, después de leer algunas cosas de Víctor
Hugo, entonces menor de veinte años de edad, le dijo: “Esto es genial. Se
hablará de este muchacho”.
Y se habló, pero no precisamente por aquello que había
leído Chateaubriand, pues cuando Víctor Hugo, alrededor de los veinte años,
decidió definitivamente dedicarse a escribir. Guardó todo lo que había escrito
antes, que era mucho, en una carpeta, y escribió encima: “Tonterías escritas
antes de nacer”. Y nunca aprovechó nada de todo aquello.
208)
Ernest Hemingway.
Ernest Hemingway (1898-1961), estadounidense,
escritor, periodista, uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo
XX. Fue un enamorado de España y era habitual verlo en nuestro país, amigo de
toreros y seguidor de las fiestas de San Fermín, de Pamplona.
Desde muy joven empezó a viajar por el mundo y a
participar en las guerras que iban estallando. La Primera Guerra Mundial le
cogió en Italia, cuando tenía dieciséis años. Falseó sus documentos, se puso
algunos años más y consiguió que le admitieran como voluntario en el Ejército
Italiano. De aquella aventura de guerra surgió su libro “Adiós a las armas”. Y
de su participación en la Guerra Civil Española, su otro libro de guerra, “¿Por
quién doblan las campanas?”. Le preguntaban una vez si le gustaba la guerra.
“No”, decía Hemingway, “Precisamente la guerra no. Me
gusta explicar la manera de ser de los hombres y su aventura en este mundo. Y
para explicarlo todo con más conocimiento, me gusta vivir esta aventura junto
con los hombres, eso es todo”.
209)
Frédéric Chopin.
Frédéric Chopin (1810-1849) nació en Polonia y murió
en París. Su apellido era francés, puesto que su padre lo era, nacido en
Lorena.
Chopin fue un gran profesor de música y sus discípulos
le dieron fama y dinero. Sólo se le veía verdaderamente feliz cuando
improvisaba al piano. Componía sobre el mismo piano, buscando su expresión con
el inspirado encadenamiento de notas. Y se dice de él que cuando se sentaba al
piano a improvisar, empezaba siempre, como para que le acudiera la inspiración,
con trozos de la música compuesta por Johann Sebastian Bach (1685-1750),
representante del Barroco, autor de 1.120 composiciones vocales e
instrumentales, las cuales Chopin sabía todas de memoria.
210)
Andrew Carnegie.
Andrew Carnegie (1837-1919) fue uno de los
multimillonarios más famosos del mundo en su tiempo. Había nacido en Escocia.
Hizo los millones en los Estados Unidos, donde empezó con un empleo en
Pittsburg, Pensilvania, por el que sólo ganaba diez dólares al mes. Un día, el
cajero de la empresa, en vez de pagarle el sueldo le dijo: “Espera, he de
hablar contigo”.
Carnegie pensó que le despedirían”. Pero no fue así,
sino todo lo contrario. El cajero le dijo: “Estamos contentos con tu trabajo y
hemos decidido aumentarte el sueldo. De aquí en adelante cobrarás doce dólares
cada mes”.
Para completar la información sobre Carnegie he de
decir que a los veinte años de edad se convirtió en gerente de la compañía
Pennsylvania Railroad Company, creando posteriormente la U.S. Steel, de la que
fue propietario. Se le considera como uno de los grandes magnates de la
industria; y también “el rey del acero” y uno de los hombres más ricos de su
tiempo.
Fue un gran filántropo que creó bibliotecas, escuelas,
centros de investigación científica y fundador de la Universidad Carnegie
Mellon, en Pittsburg, el Instituto Carnegie y la Fundación Carnegie para la Paz
Internacional.
Estimado lector, habrá diez nuevas anécdotas el próximo lunes.
Un afectuoso saludo. Continuará…
Vicente Llopis Pastor
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