ALGUNAS “PINCELADAS” SOBRE LA VIDA DE ALEJANDRO MAGNO (356 a.C-323 a.C.); REY DE MACEDONIA Y CONQUISTADOR DE UN VASTO IMPERIO (I)
Alejandro III de Macedonia (356
a.C.-323 a.C.), conocido como Alejandro Magno, era hijo del Rey Filipo II de
Macedonia (382 a.C.-336 a.C.) y de Olimpia de Epiro (375 a.C.-316 a.C.). Entre
sus formadores y profesores tuvo al filósofo griego Aristóteles (384 a.C.-322
a.C.) y a Leónidas como su tutor, que no hay que confundir con el Rey Leónidas
de Esparta (396 a.C.-314 a.C.), derrotado en la batalla del Paso de las
Termópilas. Entre sus variados títulos fue Hegemón de Grecia; Faraón de Egipto;
Gran Rey de Media y Persia, cuyas conquistas llegaron hasta India, incluyendo
el Sur de Asia, Persia, Asia Menor, Egipto y varios pueblos europeos, asiáticos
y africanos. Está considerado como el más grande militar de todos los tiempos y
su vida marcó una enorme trascendencia para la Humanidad.
No
voy a contar su vida, y tan sólo me limitaré a citar algunas “pinceladas” de su
corta pero extraordinaria existencia. Ahí van algunas de ellas que pueden
servirnos para conocer su dinamismo, ambición, carácter y sus grandes hechos.
Para ello haré uso de la obra “Vidas Paralelas” de Plutarco de Queronea
(50-126) en el que compara los hechos y batallas del macedonio Alejandro Magno
con los del romano Cayo Julio César (100 a.C.-44 a.C.).
La
gran capacidad de Alejandro Magno en la conducción de la guerra ofensiva,
consecuencia de sus conocimientos y experiencias en estrategias, técnicas y
material militar, la conformación de sus “falanges” que tantos éxitos le
dieron, siempre estuvo acompañado de las brillantes arengas a sus soldados, a
la mayoría de los cuales conocía por su propio nombre. Igualmente sus
conversaciones, retos y tratamiento con las personas fueron el fundamento de su
fecunda trayectoria vital que, creo yo, no ha podido alcanzar ningún otro
hombre en toda la Historia de la Humanidad.
El poder de seducción de Alejandro Magno fue tan grande que me voy a permitir unas breves “pinceladas” sobre su vida; que iré publicando periódicamente:
1)
La Macedonia antigua correspondía, más o menos,
a las actuales Grecia, Península Balcánica y Bulgaria. En tiempo de la juventud
de Alejandro, Macedonia empezó a participar en los Juegos Olímpicos de Grecia. Ya
entonces el deporte era el único vínculo capaz de unir a naciones enemigas.
Pero Alejandro no participó nunca… y una vez que le preguntaron por qué no
participaba contestó: “No puedo medir mis fuerzas contra otros atletas que no
sean reyes e hijos de reyes”.
2)
Cuenta Aulo Gelio (125-180) que la madre de
Alejandro, de la que otros historiadores apenas dicen nada, era mujer de mucho
ingenio y buena consejera de su hijo en ciertos casos. Dice que, habiendo
aceptado Alejandro el título oficial de “Hijo de Zeus”, empezó así una carta
dirigida a su madre: “El Rey Alejandro, Hijo de Zeus, a su madre Olimpia”. Y
que Olimpia le contestó: “Te ruego, hijo mío, que no uses títulos que podrían
crearme conflictos con la Diosa Juno, por celos en este caso, puedes estar seguro,
injustificados”.
3)
Existe una anécdota referida a Alejandro tomada
de Américo Scarlatti en la que cuenta que un mal poeta griego llamado Quérilo
se obstinó en unirse a las expediciones de Alejandro para cantar sus proezas.
Alejandro le autorizó. Quérilo compuso un largo poema del que Alejandro era el
héroe y le rogó que se lo escuchara. Alejandro accedió, pero con una condición,
que por cada buen verso del poema le daría una moneda de oro, y por cada mal
verso un bofetón. Y que un jurado de poetas dictaminaría sobre la calidad de
los versos. Quérilo aceptó, y empezó la lectura, que no pudo terminar porque
los bofetones le causaron la muerte antes de llegar a la mitad.
4)
Alejandro quería mucho a Bucéfalo, su caballo. Y
una vez muerto, mandó hacer una estatua que se lo recordara. Todos los días le
ponían a la estatua el mismo alimento que habría tomado el caballo. Alimento
que, seguramente, después de un rato, repartían entre otros caballos.
5)
Alejandro Magno contemplaba una vez una estatua
de Aquiles y no parecía muy contento. Le preguntaron “¿No te gusta?”. Alejandro
dijo: “Le envidio”. Y explicó su envidia así: “Le envidio porque tuvo un amigo
fiel, Patroclo, y un poeta como Homero que cantó sus heroicidades”.
6)
Alejandro recibía a los embajadores del Rey de Persia
Darío. Les preguntaba cosas de su país y ellos le hablaban de las riquezas que
Darío guardaba acumuladas. Y, al fin, Alejandro les dijo: “Vuestro Rey es rico,
pero su riqueza se la puedo quitar. Yo no soy rico, pero soy grande; y mi
grandeza no me la puede quitar nadie”.
7)
Cuando Alejandro se disponía a emprender su
primera expedición guerrera por tierras de Asia, Aristóteles, su maestro, le
dijo: “Eres muy joven para la guerra. Mejor harías en esperar un tiempo y,
entonces, la prudencia podría ser ya tu consejera”. Alejandro le contestó: “No
lo dudo, pero ahora mis consejeros serán el impulso y la audacia, propios de la
juventud”. Y gracias a tales consejeros obtuvo, en su primera expedición, sus
primeras victorias.
8)
Plutarco de Queronea (50-126), en su obra “Vidas
Paralelas”, en las que compara a Alejandro Magno con Cayo Julio César, asegura
que un rayo cayó sobre la madre de Alejandro sin hacerle ningún daño, y que
después de esto vio que estaba encinta. Y así no le fue difícil al padre de
Alejandro suponer que su hijo había sido engendrado a medias entre él y los
dioses, los últimos en forma de rayo. El día del nacimiento de Alejandro ardió
el Tempo erigido a Diana, en Éfeso. Diana es el nombre que los latinos dieron a
la Diosa Artemisa.
9)
Alejandro, muy joven todavía, participaba en un banquete y de sobremesa unió su voz a los cantores, y
cantó con ellos. Resultó que su voz era agradable y cantaba muy bien. Los otros
enmudecieron y durante un buen rato, sólo se oyó la voz de Alejandro, hasta que
su padre, Filipo II, le interrumpió con esta advertencia: “¿No te da vergüenza,
hijo mío, cantar así?”. Le daba entender con esto que el canto no es una virtud
guerrera ni una condición natural digna de un Rey.
10) Alejandro tuvo, además de Aristóteles, otro preceptor llamado Leónidas. Y una vez que Alejandro ofrecía sacrificios a los dioses, quemaba tanto incienso que Leónidas le advirtió: “Tanto incienso a la vez es un desperdicio”. Más tarde Alejandro conquistó la Arabia, donde el incienso se produce. Y regresó a Macedonia con un cargamento de incienso. Llamó a Leónidas, le enseñó el incienso y le dijo: “Según tú yo lo despreciaba. Y ya ves cómo los dioses me devuelven, con creces, lo que yo desprecié por ellos”.
Estimado lector, estas “pinceladas” nos servirán para conocer la ambición y los éxitos de tan gran conquistador, invicto en todas sus batallas y que fue Rey de Macedonia desde que tuvo veinte años, cuando fue asesinado su padre, Filipo II, hasta la edad de treintaitrés años. Una corta pero muy fecunda vida.
Querido lector. Creo que merece la pena el conocer los detalles y el pensamiento de tan gran conquistador.
Seguiré informando.
Vicente Llopis Pastor
25 de mayo de 2021
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