Expresión latina
que traducida al español sería “Hombre Económico” y que supone que el hombre en
Economía actúa de forma “racional” y dentro del concepto de “Homo Sapiens” que
establecen los antropólogos. Esta expresión latina se remonta al economista
italiano Vilfredo Paretto (1848-1943) que comenzó a usarla a partir del año
1906 para describir el comportamiento humano y establecer modelos matemáticos y
gráficos que explican el funcionamiento general de una Economía.
La Ciencia Económica neoclásica,
para explicar el campo de la economía considera a ese “Homo Oeconomicus” como
el puro ejemplo del comportamiento de las personas, las cuales sólo buscan
obtener el máximo dominio posible de los recursos con un sacrificio mínimo. Por
muy despreciable que nos parezca, así se ha de entender en las explicaciones y
que se admite como “hipótesis” mejor aceptada por los especialistas para
unificar criterios entre ellos y poder hacer predicciones y comparaciones.
El padre de la Ciencia Económica,
Adam Smith (1723-1790), Profesor de Filosofía Moral en Glasgow, en su magna
obra “Investigación acerca de la naturaleza y causa de las riquezas de las
naciones” (1776), dice: “no es la benevolencia del carnicero, del cervecero
o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su
propio interés”, al igual que el llamado segundo padre de la Economía, John
Stuart Mill (1806-1873), en su obra “Principios de economía” (1848), quien
expresa lo siguiente: “el hombre es un ser que desea poseer riqueza y que es
capaz de comparar la eficacia de los medios para la obtención de estos fines”.
En resumidas cuentas, el hombre,
como principal autor de la actividad económica es un ser “racional” cuando
resulta egoísta, malévolo, amoral, codicioso, materialista, ruin, sórdido y
otros calificativos. Estas apreciaciones pueden ser distintas según la
Filosofía Moral de la vida en algunos países; por ejemplo, no es lo mismo en
Estados Unidos de América que en Japón, pero se parecen mucho. Los objetivos
del ser humano, hace doscientos cincuenta años, plasmados por los padres de la
Economía, se sintetizan actualmente en un sólo y único concepto, que es el
“dinero”, que lo mueve casi todo y del que se escapan muy pocos, aunque sean
altruistas, generosos, filántropos, quijotescos, monjes, estoicos y demás.
La hipótesis del “Homo Oeconomicus”
es un concepto que entra dentro del “Homo Sapiens”; en español “Hombre Sabio”;
“Hombre que Sabe” y “Hombre Racional”. Según los antropólogos, es la especie del
hombre que evolucionó a partir de grupos locales del “Homo Erectus”. La
hipótesis del “Homo Oeconomicus” también se puede entender como la de un hombre
metódico y bien ordenado. También se utiliza en la sociología. Esta expresión,
según las doctrinas de Karl Marx (1818-1883), también sirve para definir al
hombre cuya vida se ve condicionada por los sistemas económicos e ideológicos
imperantes.
Amén de entender dicha hipótesis de
“Homo Oeconomicus” en la ciencia económica clásica, de Adam Smith y John Stuart
Mill, otros economistas no clásicos también aceptan esta hipótesis. Entre ellos
David Ricardo (1772-1823). A finales del siglo XIX los economistas comienzan a
construir modelos matemáticos con este supuesto de “Homo Oeconomicus”, en el
que se considera la actuación racional de las personas en el sentido de que el
bienestar, tal como lo define la “función de utilidad”, es optimizado según las
oportunidades percibidas; es decir, el individuo trata de alcanzar objetivos
muy específicos y predeterminados con el menor coste posible. Entre los
economistas que establecen modelos matemáticos mediante la deducción y modelos
estadísticos mediante la inducción, encontramos a Francis Edgeworth
(1845-1926), economista y estadístico británico; William Stanley Jevons (1835-1882),
economista, filósofo y lógico inglés; Léon Walras (1834-1910), economista
francés de la Escuela de Lausana, quien formaliza modelos matemáticos de
equilibrio general, curvas de indiferencia, utilidad marginal y otros
conceptos. Téngase en cuenta que estos economistas consideraban al hombre como
racional, lo cual no implica que los objetivos de la persona sean reales en un
sentido ético, social o humano más amplio; sólo trata de alcanzarlos a un coste
mínimo, entendiendo que sus decisiones son las más correctas y de ello se saca
la “Teoría de la elección racional” y la “Teoría de las expectativas
racionales” para una aplicación sobre el tema.
Esta hipótesis del “Homo
Oeconomicus” ha tenido sus detractores, por ejemplo Thorstein Veblen (1857-1929),
sociólogo y economista estadounidense; John Maynard Keynes (1883-1946),
economista británico, el más influyente del siglo XX; Herbert Simon (1916-2001)
estadounidense, economista, politólogo y teórico de las ciencias sociales. Para
estos economistas, la hipótesis del “Homo Oeconomicus”, por ser un actor con
demasiada comprensión de macroeconomía y previsión económica a la hora de tomar
decisiones, hacen hincapié en la “incertidumbre” y en la “racionalidad
limitada” cuando una persona toma decisiones económicas, ya que el hombre
racional no necesariamente está plenamente informado de las circunstancias que
afectan a sus decisiones. Argumentan que el conocimiento perfecto no existe, lo
que significa que toda actividad económica implica riesgos.
Igualmente, la Escuela Austríaca de Economía
señala que la hipótesis “Homo Oeconomicus” es aplicable al empresario, que
busca obtener el mayor beneficio posible pero no es consumidor, o al acto de
gastar, ya que no se pueden comprender siguiendo esos principios que los
consumidores elijan el mejor producto ante otro más barato si los dos tienen la
misma utilidad “objetiva” o que gastemos más de lo mínimo necesario para la
mera subsistencia física. Como destacados economistas de esta Escuela Austríaca
tenemos a Ludwig von Mises (1881-1973), economista austríaco de origen judío,
historiador, filósofo y escritor de la Escuela Austríaca, grupo de pensadores
que basaban sus teorías heterodoxas en el individualismo metodológico y eran
los apóstoles del liberalismo económico. Igualmente admite esta hipótesis
Walter Wofgang Heller (1915-1987), economista estadounidense, Presidente del
“Consejo de Asesores Económicos” del Presidente de Estados Unidos John
Fitzgerald Kennedy (1917-1963). En la actualidad se elaboran modelos alternativos
en los que estudian el comportamiento económico de las personas basándose en
supuestos distintos de puro comportamiento como “Homo Oeconomicus”; por
ejemplo, los modelos de racionalidad acotada que asumen que los agentes son
racionales, pero con ciertos límites. El modelo de racionalidad acotada fue
desarrollado a partir de ideas aportadas por la historia y la antropología que
han ofrecido modelizaciones alternativas del comportamiento económico basándose
en la noción de “Economía Moral”.
Parece que la base de la Ciencia Económica es algo desagradable,
antipático y despreciable, pero tal vez sea muy cierta. No todos entienden la
Economía tal como los pioneros que explicaron sobre ella y por eso se le suele
colocar el apelativo de “ciencia desleal”.
“Sic transit gloria mundi” (Así pasa
la gloria del mundo).
Estimado lector, un afectuoso
saludo.
Vicente
Llopis Pastor
24
de febrero de 2021
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