La
pandemia de la Covid-19 que actualmente se está ensañando en todo el mundo está
sacando a relucir algunos conceptos, definiciones, diagnósticos y tratamientos
que nos muestran la fragilidad del ser humano, amén de los males que podemos
sufrir, o séase, “guerra”; “hambre”; “peste”; y “muerte”, según la novela del
escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928), titulada “Los cuatro
jinetes del Apocalipsis”, publicada en el año 1916 e incluida dentro de la
lista de las cien mejores novelas en lengua española del siglo XX.
Es
una descripción del horror que puede generase, sufriendo los peores males que
azotan a las personas y que tienen su referencia inicial en el “Apocalipsis”, libro
profético de San Juan Evangelista, también conocido como “Libro de las
Revelaciones”, que es el último del Nuevo Testamento y de la Biblia cristiana.
A
raíz de esta situación estamos conociendo vocablos de uso común; tales como:
epidemia, pandemia, virus, bacteria, epidemiología, vacunas, medidas
terapéuticas y todo un ilustrado vocabulario, en gran parte debido a
informaciones televisivas que nos presenta el Doctor Fernando Simón Soria
(1963), Director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias
del Ministerio de Sanidad español, quien se ha convertido en un verdadero
fenómeno mediático. Parece ser que la unánime forma de tratar este virus es
mascarilla, distancia de separación entre personas, frecuente lavado de manos y
esperar que nos llamen para inocularnos la vacuna correspondiente que la haga
desaparecer.
Existen
más de doscientas líneas de investigación de científicos en todo el mundo que
están trabajando para lograr la vacuna como el definitivo remedio, y ya se
están inoculando vacunas elaboradas por distintos laboratorios. En cada país se
están estableciendo calendarios de vacunación según la edad de las personas, su
situación de riesgo, si son médicos y sanitarios que atienden a los pacientes,
ancianos en residencias de la tercera edad, etcétera. En los momentos actuales,
estamos hablando de una tercera ola de la citada pandemia y ha habido numerosos
fallecimientos, otras personas hospitalizadas, algunas en la Unidad de Cuidados
Intensivos (UCI) o confinados en casa, cierre de lugares como cafeterías,
teatros, cines y otros espacios donde se pueda reunir la gente para evitar
contagios. Las vacunas que se están usando son de diversos laboratorios, por
ejemplo tenemos la vacuna de Pfizer, AstraZeneca, Moderna y otras. Entre las investigaciones,
algunas se están desarrollando en España, con la creación de su propia vacuna,
y cayendo nuestros ciudadanos en el indebidamente llamado “complejo de
inferioridad de los españoles”, que arrastramos desde el siglo XVII, a pesar de
que hemos aportado grandes hechos a la Humanidad. Y, ¡cómo no!, a la medicina y
a la epidemiología.
Tal
es el caso del Doctor Jaime Ferrán y Clúa (1851-1929), médico bacteriólogo que
descubrió una vacuna contra el cólera y otras contra el tifus y contra la
tuberculosis. Estudió Medicina en la Universidad de Barcelona y se interesó por
la Bacteriología siguiendo muy de cerca las investigaciones del médico francés
Louis Pasteur (1822-1895). Sus trabajos los desarrolló de forma individual y
solitaria, en un rudimentario laboratorio. Inoculó con total éxito su vacuna en
la provincia de Valencia durante la epidemia de cólera del año 1885. Con el
Doctor Ferrán se inicia en España la llamada Bacteriología, que es una
especialidad de la Biología que estudia la morfología, ecología, etología,
genética y bioquímica, así como otros aspectos relacionados con ellas. En el
año 1884 la Real Academia Española de Medicina premiaba su “Memoria sobre el parasitismo bacteriano” y el municipio barcelonés
lo envió a Marsella, Francia, para que estudiara la amenazadora epidemia del
cólera. Convencido de su Etiología Bacteriana, recién descubierta por Robert
Koch (1843-1910), médico y microbiólogo alemán, descubridor del bacilo de la
tuberculosis (1882) y el bacilo del cólera (1883) y Premio Nobel de Medicina
(1905). El Doctor Ferrán preparó cultivos atenuados de “bacillus virgula”, con
los que logra la primera vacuna de germen conocido aplicada al hombre. Un
extraordinario avance en el tratamiento de la enfermedad del cólera debido a un
español. Al estallar la epidemia de cólera en 1885, el Doctor Ferrán es llamado
a Valencia donde procede a la inoculación masiva de Alcira y de otros lugares.
A pesar del éxito obtenido se desata la polémica. Prevalece el criterio de
quienes opinan que es peligroso el método del Doctor Ferrán y el Gobierno
español prohíbe la vacunación. Comisiones científicas de todas partes acuden a
examinar el controvertido hallazgo, pero por desgracia el Doctor Ferrán es más
genial que convincente y acaban por emitir dictámenes desfavorables del propio
Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), Premio Nobel de Medicina y de la comisión
francesa presidida por Paul Brouardel (1837-1906), patólogo francés, higienista
y miembro de la Academia Nacional de Medicina.
Esto
fue un golpe muy duro para nuestro Doctor Ferrán, a pesar de que tuvo muchos
múltiples partidarios convencidos en España, Francia y Alemania, con figuras de
gran talla médica como Albert Calmette (1863-1933), médico, bacteriólogo e
inmunólogo francés y de Paul Ehrlich (1854-1915), médico y bacteriólogo alemán,
Premio Nobel de Medicina (1908) que tuvo aportaciones en el campo de la
inmunología. Estos citados médicos, uno francés y otro alemán, rindieron
tributo de admiración al procedimiento inmunitario de nuestro Doctor Ferrán,
que había abierto el camino de otras vacunas bacterianas. Su memoria, publicada
en Valencia en 1886 sería vertida al francés en 1893 con el título “L’inoculation préventive contre le cholera
morbo asiatique”.
Más
tarde, al frente del Instituto Municipal de Higiene de Barcelona el Doctor
Ferrán desarrolló una eficaz labor sanitaria, con grandes investigaciones sobre
la inmunología del tifus abdominal y sobre la difteria y propuso un método
supraintensivo para la vacuna antirrábica. Originales fueron sus observaciones
sobre las variaciones morfológicas de algunas bacterias, base para su
descubrimiento de la vacuna anti-alfa, que trataba de aprovechar para la
inmunidad específica una de las fases evolutivas del bacilo de Koch como “Nueva bacteriología de la tuberculosis”
(1920)
Pero,
¿qué ocurrió? Pues lo de tantas veces en España, que no hay espíritu
empresarial para difundir todo lo que nuestro país descubre. Además, el Doctor
Ferrán era más genial que convincente y, a pesar de la información favorable de
especialistas extranjeros, el Gobierno español prohibió sus vacunaciones
basándose en dictámenes desfavorables de sus colegas españoles.
En
fin, una más de las lamentables etapas de nuestra historia patria. En cierto
modo la frase que lo llevó al ostracismo la dijo el Doctor Gregorio Marañón y
Posadillo (1887-1960) quien definiera al Doctor Ferrán como “más precursor que realizador, estudioso de
demasiados temas con escasos medios”. El Doctor Ferrán es el caso de un
sabio español al que el Gobierno de nuestro país ni ayudó ni aceptó sus
descubrimientos, que llegaron a gran altura, ya que creó vacunas contra la
tuberculosis, rabia, cólera y demás, y asentó las bases para otras vacunas
posteriores. A pesar de que en España no se le hiciera caso, la Academia de
Ciencias de Francia le concedió el Premio Bréant en 1907. Solamente hace unos
pocos años la Sociedad Española de Microbiología concede un premio de
investigación que honra el nombre del Doctor Ferrán. Eso después de más de cien
años que alcanzara la gloria de ser creador de vacunas para diversas
enfermedades. Lamentable.
Estimado
lector, España debería haberse portado mejor con tan insigne médico y
bacteriólogo.
Un
afectuoso saludo.
Vicente
Llopis Pastor
25
de febrero de 2021
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