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JAIME FERRÁN Y CLÚA (1851-1929), MÉDICO Y BACTERIÓLOGO ESPAÑOL

 

La pandemia de la Covid-19 que actualmente se está ensañando en todo el mundo está sacando a relucir algunos conceptos, definiciones, diagnósticos y tratamientos que nos muestran la fragilidad del ser humano, amén de los males que podemos sufrir, o séase, “guerra”; “hambre”; “peste”; y “muerte”, según la novela del escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928), titulada “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, publicada en el año 1916 e incluida dentro de la lista de las cien mejores novelas en lengua española del siglo XX.

Es una descripción del horror que puede generase, sufriendo los peores males que azotan a las personas y que tienen su referencia inicial en el “Apocalipsis”, libro profético de San Juan Evangelista, también conocido como “Libro de las Revelaciones”, que es el último del Nuevo Testamento y de la Biblia cristiana.

A raíz de esta situación estamos conociendo vocablos de uso común; tales como: epidemia, pandemia, virus, bacteria, epidemiología, vacunas, medidas terapéuticas y todo un ilustrado vocabulario, en gran parte debido a informaciones televisivas que nos presenta el Doctor Fernando Simón Soria (1963), Director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad español, quien se ha convertido en un verdadero fenómeno mediático. Parece ser que la unánime forma de tratar este virus es mascarilla, distancia de separación entre personas, frecuente lavado de manos y esperar que nos llamen para inocularnos la vacuna correspondiente que la haga desaparecer.

Existen más de doscientas líneas de investigación de científicos en todo el mundo que están trabajando para lograr la vacuna como el definitivo remedio, y ya se están inoculando vacunas elaboradas por distintos laboratorios. En cada país se están estableciendo calendarios de vacunación según la edad de las personas, su situación de riesgo, si son médicos y sanitarios que atienden a los pacientes, ancianos en residencias de la tercera edad, etcétera. En los momentos actuales, estamos hablando de una tercera ola de la citada pandemia y ha habido numerosos fallecimientos, otras personas hospitalizadas, algunas en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) o confinados en casa, cierre de lugares como cafeterías, teatros, cines y otros espacios donde se pueda reunir la gente para evitar contagios. Las vacunas que se están usando son de diversos laboratorios, por ejemplo tenemos la vacuna de Pfizer, AstraZeneca, Moderna y otras. Entre las investigaciones, algunas se están desarrollando en España, con la creación de su propia vacuna, y cayendo nuestros ciudadanos en el indebidamente llamado “complejo de inferioridad de los españoles”, que arrastramos desde el siglo XVII, a pesar de que hemos aportado grandes hechos a la Humanidad. Y, ¡cómo no!, a la medicina y a la epidemiología.

Tal es el caso del Doctor Jaime Ferrán y Clúa (1851-1929), médico bacteriólogo que descubrió una vacuna contra el cólera y otras contra el tifus y contra la tuberculosis. Estudió Medicina en la Universidad de Barcelona y se interesó por la Bacteriología siguiendo muy de cerca las investigaciones del médico francés Louis Pasteur (1822-1895). Sus trabajos los desarrolló de forma individual y solitaria, en un rudimentario laboratorio. Inoculó con total éxito su vacuna en la provincia de Valencia durante la epidemia de cólera del año 1885. Con el Doctor Ferrán se inicia en España la llamada Bacteriología, que es una especialidad de la Biología que estudia la morfología, ecología, etología, genética y bioquímica, así como otros aspectos relacionados con ellas. En el año 1884 la Real Academia Española de Medicina premiaba su “Memoria sobre el parasitismo bacteriano” y el municipio barcelonés lo envió a Marsella, Francia, para que estudiara la amenazadora epidemia del cólera. Convencido de su Etiología Bacteriana, recién descubierta por Robert Koch (1843-1910), médico y microbiólogo alemán, descubridor del bacilo de la tuberculosis (1882) y el bacilo del cólera (1883) y Premio Nobel de Medicina (1905). El Doctor Ferrán preparó cultivos atenuados de “bacillus virgula”, con los que logra la primera vacuna de germen conocido aplicada al hombre. Un extraordinario avance en el tratamiento de la enfermedad del cólera debido a un español. Al estallar la epidemia de cólera en 1885, el Doctor Ferrán es llamado a Valencia donde procede a la inoculación masiva de Alcira y de otros lugares. A pesar del éxito obtenido se desata la polémica. Prevalece el criterio de quienes opinan que es peligroso el método del Doctor Ferrán y el Gobierno español prohíbe la vacunación. Comisiones científicas de todas partes acuden a examinar el controvertido hallazgo, pero por desgracia el Doctor Ferrán es más genial que convincente y acaban por emitir dictámenes desfavorables del propio Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), Premio Nobel de Medicina y de la comisión francesa presidida por Paul Brouardel (1837-1906), patólogo francés, higienista y miembro de la Academia Nacional de Medicina.

Esto fue un golpe muy duro para nuestro Doctor Ferrán, a pesar de que tuvo muchos múltiples partidarios convencidos en España, Francia y Alemania, con figuras de gran talla médica como Albert Calmette (1863-1933), médico, bacteriólogo e inmunólogo francés y de Paul Ehrlich (1854-1915), médico y bacteriólogo alemán, Premio Nobel de Medicina (1908) que tuvo aportaciones en el campo de la inmunología. Estos citados médicos, uno francés y otro alemán, rindieron tributo de admiración al procedimiento inmunitario de nuestro Doctor Ferrán, que había abierto el camino de otras vacunas bacterianas. Su memoria, publicada en Valencia en 1886 sería vertida al francés en 1893 con el título “L’inoculation préventive contre le cholera morbo asiatique”.

Más tarde, al frente del Instituto Municipal de Higiene de Barcelona el Doctor Ferrán desarrolló una eficaz labor sanitaria, con grandes investigaciones sobre la inmunología del tifus abdominal y sobre la difteria y propuso un método supraintensivo para la vacuna antirrábica. Originales fueron sus observaciones sobre las variaciones morfológicas de algunas bacterias, base para su descubrimiento de la vacuna anti-alfa, que trataba de aprovechar para la inmunidad específica una de las fases evolutivas del bacilo de Koch como “Nueva bacteriología de la tuberculosis” (1920)

Pero, ¿qué ocurrió? Pues lo de tantas veces en España, que no hay espíritu empresarial para difundir todo lo que nuestro país descubre. Además, el Doctor Ferrán era más genial que convincente y, a pesar de la información favorable de especialistas extranjeros, el Gobierno español prohibió sus vacunaciones basándose en dictámenes desfavorables de sus colegas españoles.

En fin, una más de las lamentables etapas de nuestra historia patria. En cierto modo la frase que lo llevó al ostracismo la dijo el Doctor Gregorio Marañón y Posadillo (1887-1960) quien definiera al Doctor Ferrán como “más precursor que realizador, estudioso de demasiados temas con escasos medios”. El Doctor Ferrán es el caso de un sabio español al que el Gobierno de nuestro país ni ayudó ni aceptó sus descubrimientos, que llegaron a gran altura, ya que creó vacunas contra la tuberculosis, rabia, cólera y demás, y asentó las bases para otras vacunas posteriores. A pesar de que en España no se le hiciera caso, la Academia de Ciencias de Francia le concedió el Premio Bréant en 1907. Solamente hace unos pocos años la Sociedad Española de Microbiología concede un premio de investigación que honra el nombre del Doctor Ferrán. Eso después de más de cien años que alcanzara la gloria de ser creador de vacunas para diversas enfermedades. Lamentable.

Estimado lector, España debería haberse portado mejor con tan insigne médico y bacteriólogo.

Un afectuoso saludo.

 

Vicente Llopis Pastor

25 de febrero de 2021

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