El
ruiseñor, ave migratoria, anida cerca del suelo en densos arbustos, es de
fuerte canto y con registros de silbidos, barboteos y otros sonidos. Suele
cantar hasta bien entrada la noche. En cierto modo es el que la anuncia.
La alondra, pájaro terrestre que
anida en el suelo y tiene marcado canto matutino que lo inicia al percibir la
primera claridad del día. En cierto modo es el que nos despierta al amanecer.
El genio de William Shakespeare
(1564-1616) lo refleja en este bello fragmento de la obra “Romeo y Julieta”
(1597), en el acto tercero, escena quinta; en el que después de una noche de
apasionado amor entre ambos, en el balcón que da al jardín de la familia
Capuleto, inician su despedida con este bello diálogo:
Julieta:
¿Te vas ya? Aún no es de día. Ha sido el ruiseñor y no la alondra el que ha
traspasado tu medroso oído. Canta por la noche en aquel granado. Créeme, amor
mío; ha sido el ruiseñor.
Romeo:
Ha sido la alondra, que anuncia la mañana y no el ruiseñor. Mira, amor, esas
rayas hostiles que apartan las nubes allá hacia el oriente. Se apagaron las
luces de la noche y el alegre día despunta en las cimas brumosas. He de irme y
vivir, o quedarme y morir.
Julieta: Esa luz no es luz del día, lo sé
bien; es algún meteoro que el sol ha creado para ser esta noche tu antorcha y
alumbrarte el camino de Mantua. Quédate un poco, aún no tienes que irte.
Romeo: Que me apresen, que me den muerte;
lo consentiré si así lo deseas. Diré que aquella luz gris no es el alba, sino
el pálido reflejo del rostro de Cintia, y que no es el canto de la alondra lo
que llega hasta la bóveda del cielo. En lugar de irme, quedarme quisiera. ¡Que
venga la muerte! Lo quiere Julieta. ¿Hablamos, mi alma? Aún no amanece…
(Romeo está siendo perseguido por la
Justicia de Verona y ha de emprender su huida hacia Mantua).
Una muestra más del vate inglés, tal
vez el más extraordinario de todos los tiempos.
(PD.
Cintia, es un nombre de pila femenino cuyo origen se remonta a la Antigua
Grecia y su Mitología, que habita en el monte Kynthos, “Diosa de la Luna”;
epíteto que también se aplicaba a Artemisa, de la que se decía había nacido
aquél monte, con lo cual el reflejo del rostro de Cintia se refiere a que la
luna en el mar riela, es decir, brilla con lu trémula).
Un afectuoso saludo.
Vicente Llopis Pastor
23 de febrero de 2021
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