Charles
Maurice de Talleyrand-Périgord (1754-1838), más conocido como Talleyrand, fue
un sacerdote, obispo, político, diplomático y estadista francés, de extraordinaria
relevancia e influencia en los acontecimientos de finales del siglo XVIII e
inicios del siglo XIX, que logró desempeñar altos cargos políticos, tanto
dentro de la jerarquía católica como posteriormente en la Revolución Francesa,
Imperio Napoleónico y, finalmente, en la Monarquía de los reinados de Luis
XVIII (1755-1824) y Luis Felipe I (1773-1850).
Se
le considera como el intrigante Talleyrand por sus maneras de actuar, tanto en
su carrera eclesiástica como en su carrera política, en la que no faltaron
confabulaciones, maquinaciones, conspiraciones, traiciones, felonías, enredos y
todos los calificativos posibles a sus maniobras eclesiásticas y políticas.
Él escribió de sí mismo en sus “Memorias”, publicadas
medio siglo después de su muerte, los siguiente: “… de todos los gobiernos a los cuales he servido no hay ninguno de
quien haya recibido yo más de lo que he dado; que no he abandonado a ninguno
antes que él se hubiera abandonado a sí mismo; que no he puesto los intereses
de ningún partido, ni los míos personales, ni los de mis allegados, en
contrapeso con los verdaderos intereses de Francia, los que a su vez, nunca he
creído en oposición con los verdaderos intereses de Europa”.
La trayectoria de Talleyrand la voy a dividir en dos
apartados; primero, su carrera eclesiástica; y después, su carrera política.
Talleyrand es, con mucho, una figura tan polémica como reconocida, siendo lo
más admirable de su vida el mantenerse durante sesenta años en el centro del
poder político en Francia, en un momento histórico en el que los vientos
políticos eran en extremo cambiantes. Algunos lo representan como una obra
maestra de perdurabilidad, con gran influencia en el desarrollo de la historia
europea y gran diplomático de su época. Otros lo catalogan como una prodigiosa
carrera que fue producto de la traición y el engaño continuo a seis diferentes
regímenes políticos de la historia de Francia.
Era
el primogénito de una típica familia aristocrática que disponía de diversas
propiedades, méritos, títulos y conexiones políticas. Fue educado en las
clásicas maneras de su nivel social, se le enseñaron modales refinados,
tradiciones y formalidades propias de la alta sociedad francesa y se le inculcó
que debía mostrar siempre un alto nivel de sofisticación en cada cosa que
hiciese o dijese, algo que Talleyrand mantendría por el resto de su vida y por
lo cual sería célebre.
Como
primogénito iba destinado a seguir una carrera militar, pero no llegó a
ejercerla ya que padecía el síndrome de Marfan, enfermedad que le supuso un
debilitamiento de múltiples estructuras del cuerpo, esqueleto, pulmones, vasos
sanguíneos, ojos, entre otros, lo cual frustró los intereses de su familia
hacia la carrera militar, relegado a su segunda opción, la de ser destinado a
la carrera eclesiástica. Ello no le causaba precisamente mucho entusiasmo, pero
le iba a permitir disponer de un oficio acorde a su estatus, aunque también le
significó perder su posición como heredero de los títulos familiares, de los
cuales fue privado en favor de su hermano menor.
El citado síndrome le provocó deformidad en una pierna, y
una cojera que le valió el apodo de “Le Diable Boiteux”, en español, “EL Diablo
Cojo”, resultado de combinar su enorme capacidad para manipular a los demás con
su característica manera de andar. Pero indudablemente la mayor consecuencia
que le trajo su enfermedad fue la ambición, dado que en adelante siempre
buscaría consolidar su posición y recuperar aquello que consideraba le había
sido arrebatado. Tal como he indicado anteriormente, comenzaré por su carrera
eclesiástica.
a)
Carrera
eclesiástica.
Según
afirma el propio Talleyrand, con cierto rechazo, en 1769, a los quince años de
edad y tras haber completado sus estudios básico en el reconocido Colegio de Harcourt, ingresa en el
seminario de San Sulpicio para iniciar su carrera en la Iglesia; sin embargo,
su “ligereza de costumbres” no se desvaneció por ello; de hecho frecuentaba a
una reconocida actriz de comedia francesa durante su estancia en el seminario.
El 18 de diciembre de 1779 recibe la orden sacerdotal en el Arzobispado de
Reims, a los veinticinco años de edad; posteriormente Obispo de Autun a los
treintaicuatro años; y comienza una veloz carrera de ascenso en la jerarquía
católica. En el año 1779 obtiene una licenciatura en Teología en la Universidad
de La Sorbona. Pasa de Capellán a Subdiácono y, poco después, a la Asamblea
Clerical de Reims que lo elige como Diputado en la Asamblea General del Clero
en Francia, un cuerpo de tan sólo sesentaiocho miembros, encabezado por dos
Agentes Generales. Talleyrand fue elegido como uno de esos dos Agentes. En
1780, siendo Talleyrand Agente General del Clero en Francia, un puesto
equivalente dentro de la jerarquía eclesiástica al de un Ministerio, es
encargado de defender y administrar los bienes de la iglesia y mantener sus
privilegios fiscales ante el Rey Luis XVI (1754-1793), siendo éste un cargo más
acorde con su personalidad.
Al
inicio de la Revolución Francesa, en el año 1789, fue elegido Representante del
Clero ante los Estados Generales; Talleyrand aquí encontraría el lugar donde su
maestría para las relaciones sociales y la manipulación, junto con la elegancia
casi arrogante que poseía fueron las llaves que le dieron una enorme influencia
política, y a la que se dedicó el resto de su vida. En el año 1802 logró del
Papa Pío VII (1742-1823) su restitución a la vida laica y secular, a fin de
casarse con una divorciada. Doce años antes había recaído sobre él la
excomunión menor promulgada por el Papa Pío VI (1717-1799), por su colaboración
con los revolucionarios, si bien el año antes había renunciado a la mitra. Así
finaliza su carrera eclesiástica catalogada como el comienzo del Talleyrand
apóstata y traidor; mientras que sus defensores ven tal evento como el nacimiento
del “Guardián de Francia”, el hombre
que, independientemente del gobierno que estuviera en el poder buscaría
materializar lo que él consideraba que era lo mejor para Francia.
b)
Carrera
política.
Comienza
en el año 1789, con la Revolución Francesa, y manifiesta su apoyo a la Asamblea
Nacional de Francia con la Toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, siendo
nombrado miembro del Comité de Constitución de la Asamblea Nacional. La
constitución presentada al Rey y aceptada por él el 14 de septiembre de 1791 fue
firmada por Talleyrand, quien a su vez fue autor del artículo VI de la
“Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano”. El 14 de julio de 1790,
en el primer aniversario de la Toma de la Bastilla, Talleyrand celebra la misa
que tiene lugar en el Campo de Marte durante la Fiesta de la Federación, con lo
cual consagraba una imagen para sí mismo de ser “el sacerdote de la Revolución”,
separándose definitivamente de la Iglesia y dedicándose exclusivamente a sus
labores en la Asamblea Nacional, pero aun así, gustoso tomó juramento en
febrero de 1791 como “Obispo Constitucional”. En 1792 se dispara su carrera
diplomática, y es enviado en misión como embajador de Francia en Londres, con
el fin de informar a la Monarquía inglesa sobre la política francesa. Expulsado
de Inglaterra en 1794, parte a los Estados Unidos de América, donde ejerce como
prospector inmobiliario de los bosques de Massachusetts y se dedica así al muy
lucrativo sector financiero de bienes raíces, del cual obtiene una considerable
fortuna. Finalmente regresa a Francia en 1796 después de ser levantado el
decreto de acusación de la Convención en su contra.
Al regresar a Francia se dedica por entero
a la política y, si bien no contaba con las rentas de su antigua carrera
eclesiástica, disponía de la sustancial fortuna amasada en Estados Unidos de
América. En septiembre de 1796 es nombrado “Miembro del Instituto Nacional”.
Poco después, el Directorio gobernante le nombra Ministro de Relaciones
Exteriores. Junto a Napoleón Bonaparte (1769-1821) convence al Directorio de la
necesidad de realizar una expedición a Egipto, de la que posteriormente
Napoleón deja el mando y regresa a Francia, en donde tiene lugar el golpe de
estado del 18 brumario, en el que Napoleón es nombrado Primer Cónsul y en el
que Talleyrand respaldó a Bonaparte y como consecuencia fue esencial en la
consolidación del Consulado y nombrado igualmente Ministro de Relaciones
Exteriores.
Acabado
el consulado, Napoleón se establece como Emperador bajo la denominación de
Emperador Napoleón I Bonaparte e, igualmente, Talleyrand, en este nuevo régimen
político es nombrado Ministro de Asuntos Exteriores. En mayo de 1804, deseoso
de continuar incentivando a Talleyrand a permanecer a su lado, Napoleón
Bonaparte le otorga la posición imperial de Gran Chambelán y Viceelector del
Primer Imperio Francés, con un sueldo de cuarenta mil francos anuales. El mismo
Emperador le otorga título soberano de “Príncipe de Benevento”, un principado
arrebatado al mismísimo Papa, convirtiéndose así en el más poderoso noble del
Imperio.
Durante
este Primer Imperio francés, tuvo una frenética actividad diplomática y
política, con negociaciones; acuerdos; congresos; y manejos de todo tipo en
favor del Imperio francés. Cuando es derrotado Napoleón y desaparece el
Imperio, entra a gobernar la Monarquía llamada como Segunda Restauración y
Talleyrand es nombrado Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de
Asuntos Exteriores. Nombra a Joseph Fouché (1759-1820) como Ministro de Policía
para mantener el orden en la capital. Durante el reinado de Luis XVIII
Talleyrand es nombrado Gran Chambelán de la Corte y en el año 1830 Luis Felipe
I se convierte en Rey de los Franceses tras la llamada “Revolución de Julio”
(1830-1848) o Las Tres Gloriosas que llevaron al trono de Francia a Luis Felipe
como consecuencia de la Revolución de 1830. Igualmente Luis Felipe I le nombra
Embajador en Londres y, posteriormente, Ministro de Asuntos Exteriores,
llevando a cabo con presteza y diligencia este cargo con acuerdos en la mayoría
de países europeos. Previamente en el año 1815 tuvo lugar el “Congreso de
Viena” en el que una vez derrotado Napoleón, los países europeos fijaron sus
límites nacionales consiguiendo Talleyrand que los límites de Francia fueran
iguales que antes de que llegara Napoleón. En este proceso brilló a gran altura
junto con el Canciller austríaco Metterenich (1773-1859). Este congreso tenía
el objetivo de restablecer las fronteras de Europa tras la derrota de Napoleón
Bonaparte y reorganizar las ideas políticas del Antiguo Régimen, demostración
peyorativa de los franceses a las formas de gobierno anteriores a la Revolución
Francesa. Ésta es la sucinta carrera política de Talleyrand, en la que sirvió
como diplomático y Ministro de Asuntos exteriores y seis regímenes distintos,
siempre con un demostrado cariño a su país, Francia, aunque sin ningún
escrúpulo.
Como
curiosidades y anécdotas se puede contar el caso del pintor francés Eugene
Delacroix, el gran pintor romántico, tan apasionadamente discutido y con igual
pasión juzgado para bien y para mal. Se le acusó de academicismo y la Academia
de Bellas Artes le rechazó tres veces. Su fecundidad fue extraordinaria. Se han
catalogado de él 853 pinturas al óleo, 1505 acuarelas y pasteles, más de 6000
dibujos y numerosas litografías y grabados. Pintó al propio Napoleón Bonaparte
e, igualmente, a Talleyrand, y algunos biógrafos han recogido el rumor muy
difundido en el París de su época de que Delacroix era hijo de Talleyrand.
El
día 23 de enero de 1809, en presencia de casi todos los Ministros y Altos
Funcionarios palatinos, desata Napoleón su cólera contra Talleyrand,
acusándole, no sin razón, de secretas intrigas con Fouché. Le llamó ladrón,
traidor, cobarde, vil, hombre sin fe ni honra… Acrecentó el furor del Emperador
la actitud impasible del acusado. Sólo, al marcharse, dijo a Decrés
(1761-1820), miembro de la Corte, las siguientes palabras “¡Qué lástima que un
hombre tan grande esté tan mal educado!”. Pocas horas después fue destituido
del cargo de Gran Chambelán. El 1 de abril de 1814, a instancias de Talleyrand,
el Zar Alejandro I de Rusia (1777-1825) publica un manifiesto por el cual se
comprometía, en nombre de sus aliados, a respetar la integridad de la antigua
Francia.
El
día 18 de mayo de 1838, a las cuatro y media de la tarde fallece Talleyrand,
dejando una fortuna de dieciocho millones de francos, ya que su gran pasión fue
la sed de dinero, que pasó en su mayor parte a su sobrina, la Duquesa de Dino
(1793-1862).
Talleyrand
nos ha dejado algunas célebres frases, por ejemplo:
-
“Nadie
puede sospechar cuántas idioteces políticas se han evitado gracias a la falta
de dinero”.
-
“Hay
una cosa más terrible que la calumnia: la verdad”.
-
“En
materia de negocios, nada hay efectivo mientras no estén terminados”.
-
“Conozco
a alguien que tiene más espíritu que Napoleón, que Voltaire, que todos los
Ministros presentes y futuros, la opinión pública”.
-
“La
palabra se ha dado al hombre para que pueda encubrir su pensamiento”.
-
La
monarquía debe ser gobernada por demócratas y una república por aristócratas”.
-
“Lo
que no puede ser no puede ser y además es imposible”.
Esta última frase también se le adjudica al torero español Rafael Guerra
Bejarano “Guerrita” o “El Guerra” (1862-1941), uno de los “califas” de la
tauromaquia, quien la dijo de esta manera: “Lo
que no pué ser no pué ser y ademá e imposible”.
Amigo
lector, esta fue a grandes rasgos la vida de un hombre carente de escrúpulos,
pero que se mantuvo en el poder tanto eclesiástico como político en unos
tiempos muy azarosos para Francia y para Europa. Vivió y gozó de todo cuanto
pudo alcanzar. Resulta extraordinaria su subyugante personalidad que le
permitió algo que nadie ha logrado hasta ahora, el mantenerse en la élite
durante sesenta años, destacando en la vida eclesiástica y en seis distintos
regímenes políticos de una Francia azarosa. Además, logró que Francia
conservara sus fronteras y no fuera ocupada por las potencias extranjeras
contra las que guerreó. Quizás su conducta fuera ominosa, pero prestó grandes
servicios a su país. Tal vez fuera amargo en su deambular por la vida, pero
resultó muy dulce para los destinos de Francia.
Amigo
lector, la vida está llena de insondables y heterodoxas personas que alcanzan
el poder de una u otra forma. Tal fue el caso de Talleyrand.
Un
afectuoso saludo.
Vicente Llopis
Pastor
22 de febrero de
2021
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