Parece que fue ayer, pero ya han transcurrido ciento sesentaicinco
años desde que se fundara el Banco de España, entidad a la que continuamente
hemos identificado como la imagen de opulencia, poderío y dinero. Durante más
de siglo y medio ha sido casi siempre el único banco emisor de billetes en
nuestro país y su nombre aparecía en ellos bajo la sempiterna fórmula de “El
Banco de España pagará al portador”. Unió su destino a la peseta; o mejor, fue
esta última la que confió su vida y su salud a las hipocráticas manos del
Banco. Ahora, con ciento cincuentaicinco años a sus espaldas, nos viene a la
memoria su aportación a la historia económica española y cuya biografía está
festoneada por múltiples avatares, modificaciones orgánicas, vientos políticos,
cambios funcionales y toda la anamnesis que puede ofrecer un ser vivo.
Los antecedentes más remotos como bancos centrales de
emisión de billetes en nuestro país los encontramos en el Banco de San Carlos,
fundado en el año 1782, nombre que hace referencia al monarca Carlos III;
posteriormente en el Banco de San Fernando (1829), durante el reinado de
Fernando VII; después con el Banco de Isabel II (1844) y luego el nuevo Banco
Español de San Fernando (1847), ambos en el convulso período monárquico
isabelino. El Banco de España nace como sucesor de este último Banco Español de
San Fernando, al que se cambia el nombre y se le da carácter oficial por la Ley
de 28 de enero de 1856, perdiendo entonces el privilegio de emisión de billetes
de que disfrutaba el anterior Banco Español de San Fernando. Posteriormente,
por Decreto-Ley de 19 de marzo de 1874, promovido por el entonces Ministro de
Hacienda don José Echegaray, se concede al Banco de España el privilegio de ser
el único Banco emisor de billetes en nuestro país. Es a partir de ese momento
cuando en España el billete inicia su introducción como medio de pago
generalizado en todo el país, si bien con adhesión voluntaria y, por supuesto,
convertible en moneda metálica en las cajas del Banco. Igualmente pasa a
realizar las funciones de Tesorero del Estado.
Las emisiones de billetes eran independientes por cada
sucursal del Banco y la obligación de su convertibilidad era exclusiva en cada
sucursal emisora, pasando a ser la emisión y convertibilidad global para todo
el conjunto de sus sucursales, indiferentemente de la que lo hubiese emitido, a
partir del año 1884. Una Ley de 13 de mayo de 1902 establece un control
riguroso para la expansión fiduciaria e introduce modificaciones en las relaciones
del Banco de España con el Estado, con lo que se inicia un proceso de creciente
intervencionismo de Estado sobre el Banco emisor. La primera Ley de Ordenación
Bancaria, de fecha 29 de diciembre de 1921, configura al Banco de España como
banco central de emisión con funciones de Banco de Bancos y la posibilidad de
operar con particulares. Veinticinco años después, una nueva Ley de Ordenación
Bancaria, de 31 de diciembre de 1946, refuerza estos cometidos.
El Banco de España es nacionalizado por el Decreto-Ley
18/1962, de 7 de junio, y desde entonces una serie de normas fragmentarias
fueron regulando sus funciones, facultades, organización y administración,
hasta llegar a la Ley 13/1994, de 1 de junio, con algunas modificaciones
posteriores, por las que el Banco de España pasa a ser el ejecutor de la
política monetaria del Estado, sin posibilidad de que el Gobierno acuda en
casos de necesidad de liquidez a obtenerla automáticamente del banco emisor.
Actualmente el Banco de España es parte integrante del
Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC), desde el año 1998, y está sometido
a las disposiciones del Tratado de la Unión Europea (Maastricht, 1992) y a los
estatutos del SEBC; ajustándose para ello a las orientaciones e instrucciones
emanadas del Banco Central Europeo (BCE), cuyo objetivo principal es la
estabilidad de precios en la zona del euro.
Hoy el Banco de España sólo mantiene un pálido reflejo del
poder que tuvo tiempo atrás. Restringida buena parte de su capacidad para tomar
decisiones autónomas, todavía sostiene el marbete “de España” que parece cada
vez más difuminado como vocablo identificador de una realidad. En los tiempos
actuales soplan otros vientos y nuestro admirado Banco de España se ha
transformado en una pequeña parte de ese omnímodo individuo que se llama BCE y
ha de hacer sólo lo que le dicte el “cerebro de Frankfurt”, por ser esta ciudad
alemana la sede del BCE. Ello supone algo más que el simple cambio de “Banco de
España” por “Banco Central Europeo” y el de “peseta” por “euro”. De todas
formas sigue viviendo más que su apreciada novia, la “peseta”, ya que ésta
nació en octubre de 1868, cuando fue adoptada oficialmente como unidad
monetaria para España y todos sus dominios y que feneció el 28 de febrero de
2002, dos meses después del nacimiento del “euro”, con quien convivió durante
breves fechas.
El Banco de España llegó a tener una sucursal en cada
capital de provincia y en localidades de alta demografía y actividad económica
como Gijón, Jerez de la Frontera, Alcoy y otros. Hoy en día, con su integración
en el SEBC ha reducido sus sucursales, y solamente mantiene quince sucursales
en toda España, una de ellas la de Alicante.
Estimado lector, un fuerte abrazo.
Vicente Llopis Pastor
24 de febrero de 2021
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