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EL BANCO CENTRAL EUROPEO CONTROLARÁ LA LIQUIDEZ BONIFICADA QUE ESTÁ CONCEDIENDO A LOS BANCOS CENTRALES

            El Banco Central Europeo (BCE) es el banco central emisor de los países de la Unión Europea (UE) que tienen el euro como moneda oficial. Conforma, junto con los bancos centrales emisores de los demás Estados de la UE, ajenos a la Eurozona, el Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC). El BCE fue creado en junio de 1998 como órgano encargado de la gestión de la política monetaria de la UE. Tiene su sede en Frankfurt, Alemania, y actualmente está presidido por Christine Lagarde (1956). Sus funciones están reguladas en los Artículos 282 a 284 del Tratado Fundacional de la Unión Europea, firmado en Lisboa en el año 2009, en el cual adquirió la condición de Institución de la Unión Europea. El objetivo del BCE es la estabilidad de precios en la zona euro, definida por el Consejo de Gobierno como una inflación, en este caso el Índice de Precios al Consumo Armonizado (IPCA), que no ha de superar el 2%. Éste es su único objetivo, a diferencia de otros organismos no europeos, por ejemplo la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) que une al objetivo de controlar la inflación, el de facilitar el crecimiento económico y el pleno empleo. Las principales tareas del BCE son definir y ejecutar la política monetaria de la eurozona, dirigir las operaciones de cambio de divisas, cuidar de las reservas internacionales del SEBC y promover el buen funcionamiento de la infraestructura del mercado financiero. Además, tiene el derecho exclusivo de autorizar la emisión de billetes de euro. Los Estados miembros pueden emitir monedas de euro pero la cantidad debe ser autorizada previamente por el BCE. El BCE también debe cooperar en la UE y a nivel internacional con organismos y entidades de terceras partes, así como contribuir a mantener un sistema financiero estable y a la vigilancia del sector bancario. Esta cooperación y vigilancia se manifestó en la crisis crediticia y financiera del año 2008 y, actualmente, se está manifestando, con mayor intensidad, en la crisis económica y financiera derivada de la pandemia de la Covid-19. El BCE es una sociedad anónima cuyos accionistas son los bancos centrales de sus Estados miembros, su capital actual es de 10.760 millones de euros; de los cuales España, según su población y Producto Interior Bruto (PIB) mantiene el 9% de dicho capital, es decir, aproximadamente 1.000 millones de euros.

Consecuente con la actual situación económica y financiera derivada de la pandemia de la Covid-19, el BCE está inyectando enormes cantidades de euros para que la economía europea tenga la suficiente liquidez. Concretamente, en el pasado mes de junio, entregó a los bancos comerciales europeos 1,3 billones de euros, pero todavía tiene pendiente una facilidad de conceder más créditos a dichos bancos de 554.000 millones de euros, y tiene proyectos de continuar con este tipo de política en los próximos años. Con ello está facilitando la liquidez en Europa por mediación de los bancos comerciales, quienes reciben ese dinero a un tipo de interés negativo, actualmente al -1%. Dicho de otro modo, si entrega 1.000 millones de euros a un banco, éste solamente ha de devolver 990 millones de euros. Este interés negativo está repercutiendo en el llamado Euribor y en el tipo de interés de las condiciones crediticias que fijan estos bancos comerciales. Pero, hete aquí que, estos bancos comerciales no siempre hacen uso del dinero para conceder créditos a particulares y a empresas, sino que buena parte del mismo lo dejan depositado en el propio BCE y se transforma en una ficción contable en la que el banco comercial gana un 1% sin riesgo alguno. Esta situación no está bien vista por el BCE y quiere controlarla de forma más directa e, inclusive, saber con pelos y señales cómo emplean los bancos comerciales el dinero que les está inyectando el BCE.

Esta política de insuflar liquidez al sistema se le llama “targeted longer term refinancing operations” (TLTRO), o séase, en español, préstamos concedidos a largo plazo. Según la coyuntura económica y financiera, estos préstamos que concede el BCE, a las más de mil quinientas entidades bancarias que existen en la UE, suele ser a un tipo muy bajo, tal como he dicho anteriormente y que, actualmente, es del -1%. Otra cuestión es el uso que pueden hacer las entidades bancarias que tienen tan fácil y monstruosa liquidez que les da el BCE, que ahora está siendo enorme para que no falte la corriente monetaria que engrase la economía real, tan dañada por la pandemia del coronavirus. Este sistema TLTRO se inició en el año 2014. Su vencimiento habitual es de cuatro años. Ahora bien, los bancos comerciales no siempre lo usan correctamente, por lo que el BCE vigila el destino de tan magna liquidez. Si los bancos aumentaran sus préstamos a particulares, el BCE fijaría un tipo de interés muy bajo, incluso negativo, pero si no aplican actualmente esta liquidez que reciben a conceder préstamos a particulares, el BCE puede aumentar el tipo de interés.

El coordinador de los supervisores europeos de valores “European Security and Markets Authority” (ESMA), en español, Autoridad Suprema del Sistema Financiero de la Unión Europea, en lo referente a valores y mercados financieros, con sede en París, Francia, entró en funcionamiento el 1 de enero de 2011. Su principal objetivo es buscar la convergencia entre los distintos supervisores de mercados y servicios de inversión, asegurando la integridad, funcionalidad y transparencia de los mercados de valores de la UE y colaborar con el resto de las autoridades de supervisión. Pues bien, ESMA está instando a la transparencia en los estados financieros de los bancos con arreglo a las “Normas Internacionales de Información Financiera” (NIIF) en lo que respecta a la contabilidad de las diversas rondas de inyecciones de liquidez bonificadas que está realizando el BCE. La banca no sólo no paga por ese dinero, sino que cobra del organismo que preside Christine Lagarde. Y, a la hora de la verdad, no están dando cumplidas cuentas de qué es lo que hacen con el dinero. Es más, se está observando que en la práctica hay diversidad en cuanto al tratamiento contable de las operaciones de refinanciación, los TLTRO del BCA por parte de los bancos comerciales. Considera que, dado el volumen global de las operaciones de TLTRO, esta cuestión puede tener un efecto importante en los estados financieros de las entidades, y pueden estar muy extendidas en toda la UE. Por ello, el BCE avisa, en un comunicado, de que es importante el tener un nivel adecuado de transparencia en relación con el tratamiento contable de las transacciones. Amigo lector, no quiero complicarle con tecnicismos, pero resumiendo lo que he expuesto y las siglas que he indicado, lo que está ocurriendo es que el BCE está entregando mucho dinero a los bancos comerciales y éstos lo están usando de una forma heterodoxa y, para evitar inestabilidades y aspectos negativos, el BCE va a obligar a informar detenidamente y hasta el último céntimo, cómo van a emplear el dinero que les ha inyectado y que es de cifras astronómicas. Como puede observar, incluso en la alta banca, alta política, diplomacia internacional e instituciones internacionales, también se comete picaresca, recelos, abusos e, incluso, corrupción.

Amigo lector. Aquí se puede confirmar el dicho de que “en todas partes cuecen habas… y en mi casa a calderadas”. Lo digo porque lo que está ocurriendo con el dinero que entrega a espuertas el BCE no tiene un seguimiento muy exhaustivo. La propia Presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha manifestado que va a incidir con mayor rigor en lo que hace la banca comercial con el dinero que recibe del BCE.

 El tema es idéntico al de las vacunas de la pandemia de la Covid-19 que la UE está enviando a cada país. Se les exige que establezcan un orden de prelación a la hora de inyectarlas, comenzando por la población de riesgo, los sanitarios, los ancianos y así sucesivamente. En España somos el mejor ejemplo. Aquí hemos sido los creadores de la “picaresca”, que parece que algunos españoles lo tienen como un honor y galardón, pues ya sabe usted, amigo lector, lo que está ocurriendo con la inyección de estas vacunas, que están acaparándolas alcaldes, concejales, funcionarios, cuerpos de seguridad del Estado, Ejército y otros organismos, para aplicárselos a sí mismos y a sus propios familiares. En fin, un bochornoso cuadro; pero que también ocurre en las “altas esferas de la política monetaria”, ya que parece que la banca “va a su aire” con la enorme liquidez bonificada que recibe del BCE. Y así va todo, desde el poderoso que manda hasta el que pesca en ruin barca. Yo creo que es algo propio de la condición o debilidad humana. Para nuestro alivio patrio podemos pensar que en otros países también ocurre este tipo de corrupción y que también, hace más de dos mil años, ocurría en el Erario Público de la Antigua Roma, cuyos censores tenían sus propias debilidades.

Ya lo dijo Jesucristo: “Quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra”, cuando la multitud quería lapidar a una mujer que, según algunos, había sido sorprendida en flagrante adulterio. Todas las personas que formaban la muchedumbre, al oírlo, se fueron escabullendo y se marcharon. Sólo quedó Jesús, que preguntó a la mujer: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Ninguno te ha condenado?, ella contestó: “Ninguno Señor”, Jesús le dijo: “Tampoco yo te he condenado, anda y no peques más”.

El ser humano no ha cambiado en los miles de años de su existencia en la Tierra. Hasta las cantidades fabulosas de dinero que inyecta el BCE pueden provocar algunas decisiones inoportunas a los dirigentes bancarios, tan alabados por unos pero que también poseen debilidades humanas.

Así va el mundo. O mejor dicho “rebus sic stantibus”, que en español quiere decir, “estando así la cosa”, o “en tal situación”. Término eternamente aplicable en el actual mundo en que vivimos.

 Hasta el próximo artículo.

 

 

                  Vicente Llopis Pastor

27 de enero de 2021  

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