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GRIGORI RASPUTÍN (1869-1916), ENGIMÁTICO MONJE RUSO (I)

 

            Grigori Yefimovich Rasputín (1869-1916) fue un místico ruso con gran influencia en los últimos días de la dinastía Romanov, en los tiempos de Nicolás II como Zar de todas las Rusias. Nació y se crió en un pequeño pueblo de Siberia Occidental, Pokróvskoye, que pertenecía entonces a la región de Toblosk, actual Óblast de Tiumén, situado a unos trescientos kilómetros al Este de los montes Urales, en la orilla izquierda del río Turá. Fue el quinto de nueve hermanos, de los que sobrevivieron dos, él y su hermana Feodosia. Nunca asistió a la escuela y según el censo de 1897, casi todos los habitantes del pueblo en el que él vivía eran analfabetos. Ya de pequeño era considerado como un niño extraño, pero dotado de dones misteriosos. A los catorce años de edad se fijó en él la idea de que “el Reino de Dios está en nosotros”, y comenzó una vida errabunda, escondiéndose en el bosque, trabajando con su padre en el cultivo y venta de centeno y otras numerosas actividades por las que Rasputín fue considerado como un muchacho demasiado disperso para convertirse en un hombre de provecho. Empezó a beber y lo detuvieron junto con otros por el robo de unos caballos. Finalmente, la Asamblea Rural lo absolvió, aunque los demás fueron desterrados a Siberia Oriental.

            El 2 de febrero de 1887 Rasputín se casó con Praskovia Fiódorovna Drubróvina, tres años mayor que él, con quien tuvo tres hijos. Dadas sus inquietudes y volubles comportamientos, pasó varios meses en un monasterio de Verjoturie. Ingresó poco después en una secta cristiana, condenada por la Iglesia Ortodoxa Rusa, quienes creían que para llegar a la fe verdadera hacía falta el dolor. En las reuniones de esta secta, las fiestas y orgias eran constantes, y Grigori se convirtió en un acérrimo integrante. El ingreso en esta congregación marcó al profeta siberiano de por vida, lo cual explicaría la notoria vida sexual que tuvo en años posteriores y que acabó ennegreciendo su reputación de hombre santo. Posteriormente llevó una vida ermitaña, y cuando regresó a casa se había tornado en un ferviente converso. Por su condición de monje converso y relaciones con altos funcionarios del régimen zarista fue llamado por la Zarina, aunque no había decisión del Zar para que lo hiciera, con el fin de curar al Zarévich Alexéi Nicoláievich, y pasó a ser su médico personal, ya que le proporcionaba una especie de “hipnosis curativa” que, curiosamente, evitaba su hemofilia. La Zarina le tuvo en alta consideración y Rasputín llegó a formar parte del grupo de la nobleza y la aristocracia rusa, muchos de los cuales confiaban en Rasputín como el hombre que orientaba los destinos de la Santa Rusia. Rasputín, en sus visiones, se expresaba como “envuelto en una nube negra e inmerso en un profundo y doloroso mar de lágrimas”. La vida de Grigori fue tan extensa e intensa que necesito varios artículos para describirla. Así que comenzaré por algunos esbozos de su personalidad y dejaré para los sucesivos las curiosidades, consejos y percepciones que tenía nuestro monje sobre la sociedad de su tiempo y el futuro que aguardaba a Rusia.

            Falleció el día 16 de diciembre de 1916, en uno de los subterráneos del Palacio del Príncipe Yussupov, amueblado y decorado para que diera la impresión de que la estancia solía ser habitada; varios nobles rusos perpetraron su asesinato. Primeramente trataron de envenenarlo con pasteles en los que habían espolvoreado cianuro, pero Rasputín resistió a ellos y, al no lograrlo, dichos nobles lo mataron a tiros y luego arrojaron su cuerpo al río Neva. Fue, en cierto modo, el árbitro del Gobierno ruso, el Zar y la Zarina aceptaban sus manifestaciones y consejos y, durante la época prerrevolucionaria que condujo a Rusia a la Revolución de 1917, con el Gobierno Menchevique y posteriormente Bolchevique de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que implantó el comunismo, fusilando al Zar y a toda su familia.

            Los rasgos de personalidad de Grigori Rasputín son descritos como que en su juventud, su vida típica era la de un campesino siberiano, hasta que sufrió su “conversión”. Era un hombre muy alto, de hábil y elocuente poder oratorio, personalidad abrumadora, de aspecto un tanto tosco, grosero a veces, violento, tenía una mirada muy penetrante y era poseedor de un profundo carisma. Amaba y odiaba efusivamente. Era un actor soberbio y convincente. Se sabía poseedor de estas cualidades y las utilizó inteligentemente en su provecho. En su época había rumores de que era una persona licenciosa y de que se le había visto numerosas veces borracho y en compañía de prostitutas. Sus relaciones con sus discípulos, sus visitas de alcoba, en su mayoría mujeres de la alta aristocracia rusa, también eran polémicas. Una de sus máximas era: “Se deben cometer los pecados más atroces, porque Dios sentirá un mayor agrado al perdonar a los grandes pecadores”. Sin embargo los historiadores no han encontrado pruebas concluyentes que afirmen esta vida licenciosa, independientemente de su veracidad, esta reputación ha sido trasladada a varias biografías, películas e, incluso, canciones.

            Como curiosidad incluyo el más reciente capítulo de la leyenda de Rasputín. Se escribió en el año 2004, cuando el médico proctólogo Igor Knyazkin fundó el “Museo del Erotismo” en San Petersburgo, en donde se exhiben más de quince mil piezas, entre las cuales se encuentra, o al menos eso sostiene este médico, el famoso miembro viril de Rasputín, que es un impresionante pene de veinticinco centímetros de largo y unos trece de espesor, en estado de flacidez, suspendido dentro de un frasco de formol. Si alguien desea documentarse sobre el tema puede acudir al citado Museo del Erotismo de San Petersburgo o, tal vez, recurrir a Google.

            Rasputín fue un santo para unos, un charlatán para otros, pero que había llegado a gozar de extraordinaria autoridad en la Corte del último Zar de Rusia. Se considera que Rasputín no fue ni absolutamente malo ni excesivamente bueno, así como no fue simplemente un depravado o un santo. Era un hombre fuerte, magníficamente dotado por la naturaleza y, por tanto, con muchas debilidades. Hombre muy complejo, que para describir justamente su personalidad necesitaríamos estudiar el pro y el contra con más atención de las que ha habido hasta ahora. Por ello continuaremos con unos próximos artículos sobre tan infrecuente personalidad y trataremos sobre sus frases, sus consejos, sus expresiones y formas de entender la vida. Fallecido Rasputín, solamente estuvo en vida su hija Marina (1898-1977), de la que también hablaremos en su momento.

            Mientras tanto, amigo lector, siga pensando en los vaivenes de la vida, que hacen que un hombre pase de jornalero a aristócrata, de pecador a santo y de hombre a mito.

            Yo seguiré pensando en mi siguiente artículo.

            Hasta el siguiente.    

           

Vicente Llopis Pastor

27 de octubre de 2020

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