De nombre María Cristina del Pino Segura Gómez, que tomó el nombre
artístico de “Pinito del Oro”. Fue una trapecista española nacida en Las Palmas
de Gran Canaria y fallecida en la misma ciudad en la que nació. Se crio dentro
de una familia circense, ya que su padre, José Segura Fenollar, era uno de los
once hermanos que formaban el Circo “Hermanos Segura”. “Pinito del Oro” fue la
menor de los siete hermanos que sobrevivieron, de los diecinueve hijos que
tuvieron sus padres.
Por las circunstancias de la dureza del mundo del circo, siempre
deambulando de un sitio para otro y con la pérdida de nada menos que de doce de
sus hermanos, fue muy cuidada por su madre, que la trataba con mucha delicadeza
y cortesía y la apartó de todo lo que pudieran ser situaciones circenses. Durante
su infancia ocurrió que en una noche que la “troupe” de la familia Segura viajaba
desde Cádiz a la Feria de Sevilla, volcó el camión en que se desplazaban falleciendo
su hermana Esther. Su padre se vio en la necesidad de subirla al trapecio para
completar la función y así se convirtió en la más grande artista circense del
trapecio que ha dado España.
Fue la gran especialista del equilibrio sobre el trapecio y nunca
usó red de protección. Durante unas navidades en Valencia, trabajando con
los hermanos Díaz, conoció al representante para Europa del “Ringling Brothers
and Barnum & Bailey Circus”, estadounidense, el más destacado y descomunal
circo habido en la historia mundial, fruto de la fusión de “Ringling Brothers
Circus” y el “Barnum & Bailey Circus”, que estuvo representando diversos
espectáculos en circos de varias pistas desde 1871 hasta el 2017, y que
debutaron en el Madison Square Garden de Nueva York autodefiniéndose como “El
más grande espectáculo en la Tierra de Barnum & Bailey, ahora combinados en
el único gigante rompe-marcas de todas las exhibiciones”.
“Pinito del Oro” fue contratada y, al ser menor de edad, tuvo que
casarse para viajar a Estados Unidos de América y enseñó a su marido el oficio
de ponerse debajo, es decir, igualarle la escalera al trapecio y estar atento
por si algún fallo daba con ella en el suelo, ya que, como he dicho antes,
nunca usó red de protección. En Estados Unidos de América trabajó durante siete
años en dicho circo y en el año 1960, cuando fue limitando sus actuaciones, se
le concedió el “Premio Internacional”, un galardón equivalente al Oscar de
Hollywood por sus originales y audaces trabajos con el trapecio. Solía trabajar
a una altura de entre 12 y 16 metros. Estando en Estados Unidos, el famosísimo
director y cineasta Cecil B. Demille (1881-1950) intentó contratarla para su
película “El mayor espectáculo del mundo” (1952) en la que intervinieron, entre
otras estrellas, Charlton Heston (1923-2008), Cornel Wilde (1912-1989), Betty
Hutton (1921-2007), James Stewart (1908-1997) y Gloria Grahame (1923-1981) y
que recibió el Premio Oscar de Hollywood a la mejor película.
Cecile B. Demille rodó varias películas de magnífica presentación, con
muchedumbres de personajes, lo cual es de alabar por su calidad
cinematográfica. Pero no merecía los plácemes de las personas y de los
cineastas con los que trabajó por su fama de autoritario y despectivo. Era un
destacado judío, como se puede notar por la mayoría de las películas que filmó.
Y, sobre todo, un “racista” en toda su regla, ya que “Pinito del Oro” le pidió
que su nombre figurara en los títulos de crédito, pero no lo consintió. No fue
el único caso. Los padres de Cecile B. Demille fueron Heny Churchill Demille
(1853-1893), episcopaliano, y matilda Beatrice Samuel (1853-1923), judía de
ascendencia alemana, quienes influyeron muchísimo en el pensamiento y las
actitudes de su hijo Demille. Otro caso de este “racista” cineasta fue el de
que no quiso acudir a la boda de su propia hija Catherine Demille y el galardonado
actor Anthony Quinn (1915-2001) por la sencilla razón de que este actor era
mexicano de nacimiento y su verdadero nombre era Antonio Rodolfo Quinn Oaxaca. Que
el lector juzgue el comportamiento del aclamado Demille, gloria de filmografía
mundial. Fue uno de los creadores del lobby judío de Hollywood en el que los
judíos siempre son vencedores o moralmente superiores y destacados
triunfadores; amén de que transfieren importantes sumas de dinero para el
sostenimiento del Estado de Israel.
Al regreso de Estados Unidos de América, “Pinito del Oro” fue recibida
en España como una gran estrella. Continuó actuando en nuestro país y por toda Europa.
Actuando en Valencia coincidió con la gran riada del Río Turia de 1957 que
afectó a sus ambulantes enseres y materiales de trabajo, pero siguió trabajando
de forma permanente hasta el año 1968 y, de forma más esporádica, a partir de
dicha fecha. Por cierto que su última actuación “oficial” fue en el Circo Price
de Madrid, y como homenaje a su carrera pidió que su amiga y polifacética
actriz catalana, Mary Santpere, que también fue cantante, vedette y humorista,
conocida como “La Reina del Paralelo”, y que se sentía totalmente española, “le
cortara la coleta” al modo que suelen hacer los toreros.
“Pinito del Oro” tuvo tres caídas casi mortales desde el trapecio en
Huelva, Suecia y Laredo. En algunas de ellas se rompió el cráneo y en la de
Huelva permaneció ocho días en coma cuando contaba diecisiete años de edad. También
tuvo múltiples intervenciones quirúrgicas por deformaciones en los dedos de los
pies por sus ejercicios en el trapecio, en los que a una gran altura se
mantenía en equilibrio sólo con el manejo de sus pies, sin ayuda alguna de su
cuerpo, piernas, brazos o manos.
También tuvo su faceta literaria, escribiendo su “autobiografía” y las
novelas “Nacida para el Circo”; “La víspera” y “El italiano”. Recibió muchos
homenajes, tanto en vida como ya desaparecida, dando su nombre a calles, plazas
y esculturas. Entre los infinitos Premios recibidos cuenta con “Reina del
Primer Festival Mundial del Circo”, en Barcelona (1956); “Medalla del Sindicato
de Espectáculos” (1958); “Medalla de Oro del Circo Scott”, de Suecia (1959); “Premio
Nacional del Circo” (1990) y muchas otras, hasta un total superior a la docena,
todos de raigambre internacional.
Parece ser que su exitosa vida profesional no tuvo su paralelismo en su
vida personal y privada, según ella misma solía decir.
Amigo lector, cuando acabe de leer este artículo, levántese lentamente
de la silla y apoye sus manos sobre la mesa, porque usted ha de mantener el equilibrio
al andar por el suelo y no intente imitar el equilibrio con sólo los dedos de
los pies, pues solamente lo ha logrado la singular estrella española “Pinito
del Oro”. ¡Cuídese, querido lector!
Vicente Llopis Pastor
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